La guerra que (casi) nadie quiere

Exposición en La Habana dedicada a la crisis de los misiles de 1962. Foto de Martin Trolle bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0.¬–

Hace 60 años, en 1962, el mundo se puso al borde de una conflagración, pero se echó para atrás oportunamente

TESTIGO DEL TIEMPO

J.C. Malone /

Nueva York.– UNA GUERRA ENTRE RUSIA Y UCRANIA dejaría muchísimos muertos, elevaría todos los precios, y disparataría una nueva espiral inflacionaria.

Ucrania y Rusia representan juntos el treinta por ciento de la producción de trigo y granos, como la soya que consume el mundo. La guerra interrumpiría ese suministro. Metales como el níquel y productos como el azúcar también aumentarán de precio. Rusia abastece las necesidades energéticas de Europa. Si aumentan los precios del petróleo y gas natural, todas las importaciones europeas aumentarán de precio.

Mientras más «inminente» se hace una posible guerra en Ucrania, más descienden los mercados bursátiles en Europa. Los analistas financieros aseguran que tanto el dólar como el rublo ruso aumentarán su valor si hay guerra, encareciendo todas las importaciones. El aumento del petróleo, y el valor del dólar necesario para comprarlo, serían devastadores para el consumidor.

Hace exactamente 60 años, en 1962, el mundo estuvo en una situación similar, y evitó la guerra.  Pero ayer la industria armamentista no tenía la influencia política que tiene hoy.


Los analistas financieros aseguran que tanto el dólar como el rublo ruso aumentarán su valor si hay guerra, encareciendo todas las importaciones.


Khrushchev-Kennedy

Hoy el líder ruso, Vladimir Putin, demanda exactamente lo mismo que hace 60 años demandó y obtuvo Kennedy de parte de Rusia. Ayer, Fidel Castro pidió instalar misiles soviéticos en Cuba para defenderse de los Estados Unidos.  El premier soviético, Nikita Khrushchev, lo complació. En Estados Unidos, el presidente Kennedy demandó retirar esas armas porque amenazaban a su país, y se produjo un impasse similar.

Hoy Putin alega que la expansión a Ucrania de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una alianza militar) amenaza la seguridad nacional rusa.

Ayer, el primer ministro soviético, Khrushchev, conversó con Kennedy, quien se comprometió a no invadir Cuba. Khrushchev aceptó la promesa, entendió la preocupación estadounidense y retiró los misiles.

Hoy, ni Estados Unidos ni la OTAN parecen entender la preocupación de Putin, lo que aumenta la posibilidad de una guerra. Los líderes de la década de los sesenta evitaron la guerra; los actuales parecen marchar a una catástrofe sin precedentes.

Nuestros líderes nos harán retroceder a la ley de la selva en pleno siglo XXI; el más fuerte sigue imponiéndose al débil. Avanzaremos al peor pasado posible. Esta guerra matará la esperanza general de que la humanidad encuentre formas no bélicas de dirimir sus conflictos.

Aunque a algunos digan que la historia se repite, es incierto e irresponsable. La historia reseña los comportamientos humanos, nosotros cometemos los mismos errores varias veces, luego culpamos a la historia.

J.C. Malone es periodista. Escribe desde Nueva York.

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