Lecciones de una dictadura

Hernández Martínez, militar, masón y profesor.

La Asamblea Constituyente de 1939, que dio sustento legal a la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, fue el tema de un coloquio reciente de los historiadores Roberto Turcios y Héctor Lindo. El primero es el autor de Las constituciones en la historia de El Salvador, editado por la Universidad EvangélicaBarracuda Literaria presenta un extracto editado.

HÉCTOR LINDO: Lo que hace Roberto Turcios es reconstruir de una manera muy minuciosa un proceso político. No solo el aspecto constitucional, sino, además, el contexto que nos ayuda a entender el fenómeno de la Constitución de 1939, que fue la Constitución de Maximiliano Hernández Martínez. Él dice algo muy interesante que nos ayuda a comprender el alcance del periodo constitucional de la dictadura de Martínez. Esta transcurrió entre 1939 y 1944, pero su influencia en el sedimento de la convivencia política nacional ha seguido hasta nuestros días.  Una de las razones para estudiar este periodo es que las consecuencias todavía las sentimos. Las decisiones que se tomaron hace ochenta años han tenido reverberaciones que todavía nos alcanzan. Somos nuestra historia. El Salvador de hoy está sumamente vinculado a esas raíces históricas.

ROBERTO TURCIOS: El trabajo presenta tres periodos históricos que coinciden con tres formulaciones constitucionales y con tres regímenes políticos diferentes. La dictadura de Martínez y su texto emblemático de 1939, el autoritarismo y el texto emblemático de 1950 y en tercer lugar la democracia, que rompe los patrones del siglocon dos textos constitucionales: el de 1983 y la reforma considerable de 1992. En nuestra sociedad, aún actualmente, encontramos varios rasgos, en la política y en la sociedad, de la dictadura y del autoritarismo.

HÉCTOR LINDO: ¿Qué fuentes encontraste para la reconstrucción de ese período?

ROBERTO TURCIOS: Cuando leía los debates de las sesiones constituyentes de 1939, que comienzan a darse en 1938, me emocionaba. Para citar un caso, una de las sesiones giró en torno a la invocación a Dios. Los constituyentes debaten si van a invocar a Dios o no. Y ahí, evidentemente, con una presencia de masones en la Asamblea Constituyente, estos se resisten a que se invoque a Dios. Hasta que, finalmente, aceptan que, sin duda alguna, este es el «Gran Arquitecto del Universo» y que no pierden nada con citarlo. Para mi sorpresa, las actas de la constituyente de la dictadura son bastante transparentes. Los delegados son muy claros en sistematizar sus debates, como lo son también en disputar quién presenta los mejores elogios al dictador. Cuando llega el momento de pronunciarse sobre la reelección, es casi cinematográfico el acto. Patrocinio Guzmán Trigueros, que es el ideólogo de ese congreso, dice que no hay duda que Martínez es el hombre, el conductor del país. Y de inmediato, dice otro: «Aquí no queda más que hacer la votación por aclamación». Y así lo hacen, y el acta dice: «Se ponen de pie y con aplausos prolongados expresan la aprobación para darle seis años».

En nuestra sociedad, aún actualmente, encontramos varios rasgos, en la política y en la sociedad, de la dictadura y del autoritarismo.

En la primera sesión de la constituyente, la cantidad de organizaciones que llegan a manifestarse a favor del General es algo impresionante. Uno tiene que plantear que era un dictador con respaldo social y con respaldo orgánico.

Entre otras cosas, los constituyentes discuten si se debe mantener un artículo (que fue el primero de la primera constitución), el cual dice: «El Salvador es una nación con soberanía que no pertenece a ninguna potencia, ni del viejo ni del nuevo mundo, y no será jamás patrimonio de familia ni persona alguna». Lo debaten, y es interesante cómo hay dos corrientes. Hay una corriente que dice: «Mantengámoslo, tiene una acumulación histórica ese artículo». Y otra que dice: «No, ya no tiene pertinencia ese artículo». Claro que no tiene pertinencia, por lo que van a hacer: formular un texto que entroniza a una persona en la presidencia de la República sin discusión de ninguna figura que le compita en titularidad y en poder.

HÉCTOR LINDO: Tu hablas ahora, y en el libro también, de ese apoyo orgánico, de todas esas cartas de apoyo que venían de los pueblos para apoyar la idea de la Constitución y la constituyente. Es una pregunta que yo no he solucionado todavía en mi mente: si esto fue una especie de fabricación de la dictadura, o si ellos, a través de mecanismos dictatoriales, crearon un sistema clientelista en el que era casi cuestión de supervivencia demostrar apoyo público por el régimen. ¿Cómo se construyo ese apoyo?

ROBERTO TURCIOS: Esta materia debemos profundizarla más, y debemos profundizarla más por lo que tú mencionaste antes. Martínez sigue teniendo una notable influencia en la sociedad. Necesitamos justamente responder con hipótesis a esa pregunta: ¿cómo se articuló esa base social orgánica del dictador? Para mi sigue siendo todavía un objeto de investigación, a veces todavía contradictorio.

En la siguiente coyuntura constitucional, en 1948-1950, el Consejo de Gobierno Revolucionario, que llega mediante golpe de Estado el 14 de diciembre de ese año, emite, entre sus primeros decretos, la inmovilización de bienes de los titulares del Gobierno anterior, y expresa, como argumento, que durante largos años se han cometido abusos con los recursos públicos. Y mete presos a los que estaban [al mando] hace cuatro años. Pero no dice una palabra, no menciona a la dictadura (que había terminado hacía cuatro años). Sin duda, aquí estamos hablando de un sedimento cultural que nos sigue pesando mucho. Sin duda alguna, la operación de 1932 el dictador la supo capitalizar… Martínez era un tipo persuasivo… el supo capitalizar la operación de 1932, y en San Salvador había un intelectual, que es Joaquín Castro Canizales, que dice: «No nos dimos cuenta qué pasó, no tuvimos la dimensión de lo que había ocurrido»… Entonces, pasar de una coyuntura tremenda –por la profundidad de la crisis– como la que había en 1930, en que los empleados no recibían salario, los trabajadores no encontraban empleo, los cafetaleros no cortaban la cosecha y tampoco los militares recibían su paga… en esas condiciones llega al poder el  General, en diciembre de 1930. Encontrarse con que, en cuestión de tres o cuatro meses, volvían a funcionar las cosas de manera normal, fue sin duda un factor a favor de Martínez. Un segundo factor, y quizá más importante aún, creo, es haber salvado de la quiebra a los pequeños y medianos propietarios. Lo de 1932 fue la mayor operación represiva desde la fundación de la República; el Ejército pasó a ejecutar una acción militar con todas sus armas, y la fue ejecutando paso a paso. Por eso la denomino así. La segunda es la moratoria. En febrero [de 1931], si mal no recuerdo, el Gobierno dijo: «Nadie embarga a nadie». Eso fue un alivio para la gran masa de pequeños y medianos propietarios, que sabían que venía el embargo. Esa fue una segunda medida de gran impacto. De ahí creo que se puede señalar, en tercer lugar, la estabilidad. Para mí, son los tres factores decisivos que configuraron una base social orgánica de la dictadura.

En 1938 había una entidad que se llamaba Consejo de Defensa Social. Era la entidad encargada de procurar el bienestar social: entregar pequeñas parcelas de tierra, organizar cooperativas u organizar el mejoramiento social. Antes de que se aprobara la nueva Constitución, esa entidad había declarado al general Hernández Martínez «presidente vitalicio». Y el Ministerio de Gobernación dice que se aprueba que el presidente de la república sea el presidente vitalicio.  Y tiene una frase bella: que «excita al patriotismo del General» para que acepte ese cargo. Lo menciono para decir que había un mar cultural en el que flotaba esa figura.

HÉCTOR LINDO: Dos comentarios. Uno, Martínez no era improvisado; era un político con una larga trayectoria. Él ya tenía muchos años de ser general.  Había aprendido a navegar las aguas de la dinastía Meléndez Quiñónez. Él había formado amistades personales con Meléndez, con Quiñónez, con el general Tomás Calderón. Eran los dos líderes del Ejército. El tenía una trayectoria en política a altos niveles desde hacía largo tiempo. Cuando la crisis económica de 1921, se discutió mucho que hacía falta una nueva moratoria. Entonces, este hombre, con bastante experiencia de manejar crisis, ya tenía también idea de posibles respuestas. Es importante recalcar eso, porque mucho se habla del «brujo de las aguas azules», refiriéndose a Martínez como si hubiera sido alguien irracional, que solo creía en la brujería. Él era un político muy experimentado, racional y bastante formado. Él se sentía como un intelectual.

A mí se me plantea una pregunta basada en algo que tú dices en la introducción, donde mencionas lo siguiente: «La contradicción entre la democracia y el autoritarismo ha resumido la problemática política del siglo XX». Es decir, que tu estas diciendo que además de esa tradición autoritaria que podemos tener los salvadoreños, también hay una tradición democrática, antiautoritaria. No se cómo podemos explicar por qué nunca tomamos ese otro camino.

Mucho se habla del ‘brujo de las aguas azules’, refiriéndose a Martínez como si hubiera sido alguien irracional, que solo creía en la brujería. Él era un político muy experimentado, racional y bastante formado.

ROBERTO TURCIOS: Excelente observación, es como una observación de la filosofía de la historia salvadoreña. Se puede citar aquí cómo de la guerra mas profunda y larga de nuestra historia sale, en 1992, el acuerdo entre las partes para alentar el despliegue pleno de la democracia. Yo lo veo como el resumen de esos dos polos enfrentados a lo largo del siglo XX. Otro episodio: 1921. Claramente,  hay oposición al régimen que lidera Alfonso Quiñónez. Pero hay complejidades. Miguel Tomás Molina, que en ese año encarnó al líder liberal por excelencia, formará años más tarde una dupla con otro intelectual destacado del liberalismo, Romeo Fortín Magaña, dentro del primer Gobierno del general Martínez. O sea, que se trata de un Gobierno dictatorial que lleva a la intelectualidad liberal en su gabinete, y precisamente en el mismo momento en que se lleva a cabo una operación represiva en occidente. Pero creo que se puede decir que autoritarismo y democracia han sido los dinamos de la evolución política salvadoreña.

HÉCTOR LINDO: Se puede contraponer el respeto a la Constitución contra el irrespeto a la Constitución. Hay tradiciones constitucionales que se han valorado, pero que luego se han denigrado. El diálogo sobre la Constitución es una especie de barómetro de ese conflicto entre el lado autoritario de nuestra cultura y el lado prodemocrático. Hay un aspecto bastante desconocido de la Constitución de 1939 que es el sufragio femenino: una constitución autoritarita le concede a la mujer el derecho al voto.

ROBERTO TURCIOS: Se incluye en la constitución el voto de las mujeres… que no se legisla. Se plasma, pero no se convierte en realidad. Esto esta precedido de un discurso de Hernández Martínez, no recuerdo con qué motivo, un discurso a la constituyente en que expone a favor del rol de las mujeres. Es una visión patriarcal, pero llega a decir: «Por favor, legislen a favor de las mujeres». Como Héctor mencionó, Martínez era uno de los intelectuales del Ejército y tiene que haber seguido la trayectoria de Prudencia Ayala, sin ningún lugar a duda. En su visión masónica había un reconocimiento al rol y al derecho de las mujeres. El Instituto Nacional era el gran centro educativo de bachillerato en El Salvador. Los principales intelectuales daban clases en el instituto y en la Universidad de El Salvador. Uno de los profesores de Filosofía del instituto fue Hernández Martínez.

HÉCTOR LINDO: En la Asamblea Constituyente de 1921, en Tegucigalpa, donde se elaboraba la Constitución Federal, varios grupos querían meter su agenda. Los militares querían meter su agenda y el general Tomas Calderón era diputado ante la constituyente. Y entre él y Maximiliano Hernández Martínez redactaron los artículos correspondientes al ejército federal que se iba a crear. Al mismo tiempo que se daba esa discusión,  se daba también la situación del sufragio femenino. Prudencia Ayala había presentado una moción a favor del sufragio femenino en la Convención Unionista. Está clarísimo que conocían sus ideas. Ambos jugaron un papel importantísimo en darle forma a esa constitución, que estuvo vigente al menos seis meses.

El aparato político de MHM es otra cosa que me interesa. Además del partido Pro Patria, tu mencionas a los profesores martinistas, al Comité de Propaganda, a la Legión de Honor Martinista, y además había una policía política muy activa. Todos hemos visto esas listas de enemigos, esa actividad febril de los orejas. ¿Crees que hay algo de fabricación en eso? Hay ahí algo de la Liga Roja de la época de Quiñónez, con sus comités departamentales y locales? ¿Esta ahí el andamiaje de la base política de MHM?

ROBERTO TURCIOS: Es muy probable que debamos situar ese antecedente histórico. En segundo lugar, la elección de enero de 1931. Ahí hubo una serie de organizaciones que respaldaban a las tres candidaturas principales: Arturo Araujo, Alberto Gómez Zárate y Enrique Córdoba, en el que se da una cristalización del auge organizativo con una manifestación electoral. Y luego, tenemos el fascismo como una inspiración en la que Martínez creía. Cito parte de una entrevista, del tiempo de su exilio en Guatemala, en la que dice que el modelo corporativo es una opción para nuestros pueblos.

HÉCTOR LINDO: ¿Has identificado algún héroe o heroína de la democracia que se expusiera para oponerse a esos excesos autoritarios y promover una visión mas democrática?

ROBERTO TURCIOS: Uno de ellos fue Alberto Masferrer. Arturo Araujo es inexplicable sin Masferrer. Hay otro polo intelectual poco explorado: Jacinto Castellanos, que se incorpora al Gobierno de Martínez, quien dice en una nota de 1931 que hay una agrupación dentro del Ejercito que está comprometida con la celebración de elecciones con competencia libre. Jacinto Castellanos la identifica muy bien y dice que esa tendencia existe en el seno del Ejército.

A mí me atrae mucho la figura de Joaquín Castro Canizales, «Quino Caso». Forma parte de una corriente intelectual en la que están Salarrué, Masferrer –este, un poco aparte– y Jacinto Castellanos, que tiene cercanía con ese grupo militar. Quino Caso podría haber sido el eslabón con ese grupo.

En 1944 emerge una generación nueva de intelectuales, jóvenes, profesionales, como tu padre. Creo que el más sobresaliente es Arturo Romero, un médico graduado en Paris, que capta el polo de la democracia y se convierte en héroe popular. Héroe y mártir, porque tiene una cicatriz en el rostro, producto de la herida que le causaron cuando lo capturaron. A la par, hay que destacar una figura: Reinaldo Galindo Pohl, dirigente del comité de huelga del 44… Por cierto, un comité de huelga extraño. Fabio Castillo, que fue parte de ese comité, me relató la reunión en la que deciden que un grupo de representantes universitarios va a elegir a otro grupo, y que estos electores se van a retirar a sus hogares sin meterse en nada, con el compromiso de no revelar a quiénes han electo. Y eso sucede en el momento en que en San Salvador están fusilando a los implicados en la rebelión de abril. Ahí, en ese núcleo, está Galindo Pohl, que va a ser el intelectual mas destacado en el régimen de 1948-50.

A mí me atrae mucho la figura de Joaquín Castro Canizales, «Quino Caso». Forma parte de una corriente intelectual en la que están Salarrué, Masferrer –este, un poco aparte– y Jacinto Castellanos

HÉCTOR LINDO: Los militares de ese tiempo parecen llevar tanto el gen democrático como el gen autoritario.

ROBERTO TURCIOS: Sin duda alguna, y quien encarnó esa simbiosis fue Oscar Osorio. A propósito, un periodista le comentó una vez a Osorio que él se parecía mucho al general Martínez. (Había quienes decían que era su hijo). Osorio le respondió: «Todos los indios nos parecemos». Por cierto, esa generación, que era la de los mayores, no participó en la rebelión del 44. Por eso sobrevivieron.


Este diálogo es un producto del Congreso Científico Internacional Multidisciplinario organizado por la Universidad Evangélica de El Salvador (UEES) el 22 de octubre pasado. El marco fue la celebración del Bicentenario de la Independencia de El Salvador 1821-2021. Copatrocinado por la UEES y por la Casa de la Cultura El Salvador en Washington D.C.

 

 

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