La ruta de Salinas

Indicador de la tumba de John Steinbeck; South Salinas. Autor: www78 bajo licencia CC BY-NC-SA 2.0.¬–

Estampas de viaje

Alberto Barrera

Pittsburg, California.– Cuando salimos de Pittsburg a Monterey pensé en el mar y en el acuario de Monterey. Pero aún me faltaba conocer otros encantos históricos y naturales de la zona.

En estos días se mira la gente aliviada luego del largo encierro por la pandemia. Las 136 millas (más de 218 kilómetros) de carretera que van de la costa sur de San Francisco al suroeste del estado pasan volando. Autos, casas, árboles, praderas y colinas doradas nos salen al encuentro. Rebasamos el valle de Santa Clara, en las afueras de San José, luego enrumbamos por la autopista 101 y atravesamos Coyote, Madrone, Morgan Hill, San Martín y Rucker.

Adelante, a un costado de la 101, en las afueras de Gilroy, vimos a unos indigentes alojados en champas rodeadas de andrajos, en donde olfateamos un profundo y peculiar olor que nos recordó que a ese lugar se le conoce como la «capital del ajo». En julio se celebra en Gilroy un famoso festival en el que la gente come y bebe y se divierte.

El Festival del ajo se vio enturbiado el 28 de julio de 2019. Un pistolero, Santino William Legan, de 19 años, mató a tres personas e hirió a 17 antes de suicidarse tras un enfrentamiento a tiros con la policía.

Después de dejar el pueblo de Gilroy atravesamos una zona boscosa y arribamos al valle de Salinas, cuyo nombre se remonta a los tiempos de la ocupación española a fines del siglo XVIII. Lo baña el río del mismo nombre y su tierra salada lo convierte en una productiva zona agrícola.

Atravesamos Castroville. Los campos de lechuga, brócoli, coliflor, pimientos, alcachofas, tomates y espinacas justifican el apelativo «la ensaladera del mundo». Durante dos días de mayo se celebra ahí, desde los años 40, el «Festival de las alchachofas». Se comparten recetas, se cata vinos, hay  una exposición de artesanías, música, desfile de carros clásicos y se elige a la reina del festejo.

Marilyn Monre, reyna de la alcachofa. Imagen de un diario de la época por A.B.–

La primera reina del festival  fue Marilyn Monroe en 1948. Entonces conocida por su nombre de pila, Norma Jean Baker. «No sabemos exactamente por qué consintió esa coronación, pero podemos adivinar que tuvo algo que ver con el hecho de que era o quería ser una estrella, y estaba ávida de publicidad. ¿O podría haber estado motivada por las supuestas propiedades afrodisíacas de la deliciosa verdura?», se pregunta Randi Greene en 2008 en su blog montereypeninsula.blogspot.com.

En cambio, el blog soulofca (Soul of California) publicó en 2016 que la joven llegó a Castroville ese año en una gira promocional para una joyería local. «Impresionó a los cultivadores de alcachofas de la zona, que la proclamaron la “Reina de la alcachofa de California”. ¿No sucede eso solo en las películas?».

Este centro de producción de la planta, considerado el mayor del mundo, se inició en 1920 con Andrew Molera –descendiente de italianos que arribaron al estado a finales del siglo XIX–, quien cultivó un acre [0.40 hectáreas aproximadamente] de esta hortaliza que desde los tiempos del imperio Romano ya fuera considerada un alimento «gourmet». En 1922, en sociedad con un primo,  Molera rentó 150 acres para «cultivarlos con mucho éxito», según un reporte de la cadena de televisión ABC News.

La brillante luz de este sábado veraniego ilumina los campos cuadriculados por el asfalto de las carreteras y los caminos polvosos. De pronto estamos en una transitada urbe. Al lado derecho, terrenos baldíos con escasa vegetación y dunas que señalan la presencia del mar con su brisa fresca. A la izquierda, las ciudades de Seaside, Marina y Sand City, que dejamos atrás rumbo a Monterey.

Al valle de Salinas lo hizo famoso John Steinbeck, Nobel de Literatura 1962, al escogerlo como escenario de novelas como Al este del paraíso (1952) y Las uvas de la ira (1939), que luego se convirtieron en exitosas producciones dirigidas por Elia Kazán y John Huston, con actores de la talla de James Dean y Henry Fonda, respectivamente.

Las uvas de la ira la filmó Ford un año después de la publicación de la novela. La obra se nutrió de una serie de artículos periodísticos escritos por Steinbeck sobre las oleadas de trabajadores procedentes de Texas y Oklahoma que llegaban a California en busca de la tierra prometida. Venían escapando de los efectos de la depresión económica de 1929. Pero pronto el sueño de los migrantes termina por desvanecerse y en los campos de Salinas son sometidos a abusos y maltratos.

La promesa del paraíso había sido solamente un sueño.


Alberto Barrera es periodista salvadoreño.

 

 

 

 

 

 

 

 

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