TRINORTE: triangulación editorial 

BARRACUDA LITERARIA

Tres microeditoriales de Honduras, Guatemala y El Salvador se alían para difundir a sus autores dentro y fuera de Centroamérica

 

TRINORTE ES UNA INICIATIVA de colaboración de tres microeditoriales independientes del istmo que se proponen cruzar fronteras, romper las limitaciones que confinan la joven producción literaria de cada país a una especie de estanco.

La triada editorial está compuesta por Editorial X, de Guatemala, Los Sin Pisto, de El Salvador y Mimalapalabra, de Honduras, que se baten con tirajes cortos.

La idea de Trinorte cuajó este año durante una conversación entre los escritores Giovanni Rodríguez (Honduras) y Mauricio Orellana Suárez (El Salvador).  La idea fundacional era establecer un convenio para compartir espacios de difusión y hacer ediciones conjuntas para promover a los creadores de la región, especialmente las voces emergentes.

«Había similitudes en la forma de pensar, en la forma de actuar frente al fenómeno editorial:  cómo hacerle frente al inexistente mercado editorial en países como los nuestros y las difíciles posibilidades de publicación en estos países», dice Rodríguez. Mimalapalabra,  el proyecto editorial que él encabeza, inició su recorrido en 2009 en San Pedro Sula con  Ficción hereje para lectores castos, novela. Otros escritores del sello son Xavier Panchamé, Álvaro Rojas Salazar, Eduardo Bahr y Hernando Antonio Bermúdez.  Esta editora también atrae a escritores que quieren autopublicarse.

En lo inmediato, Trinorte planea arrancar con una fanzine gratuita, en formato de carpeta de Dropbox,  más una antología de cuentos, cinco autores por país. Ya están puestos en ello, y Ediciones Trinorte se ha visibilizado en Facebook, Twitter e Instagram.  Además, Mimalapalabra reeditará próximamente la novela Cerdo duplicado (2014, Editorial Uruk; 2018, Los Sin Pisto), de Orellana Suárez, y Los Sin Pisto harán lo mismo con Los días y los muertos(2016, Editorial Universitaria UNAH) de Rodríguez. Los tirajes andan entre 30 y 50 libros. Una vez agotado, el tiraje, se imprimen más.


‘El proyecto es una cuestión inacabada, como todo objeto de creación, lo que permite introducir nuevos elementos al concepto…’


«Esa es la ventaja del libro por demanda, que la impresión es inagotable», explica el escritor sampedrano.

«El proyecto es una cuestión inacabada, como todo objeto de creación, lo que permite introducir nuevos elementos al concepto… podría funcionar como una punta de lanza para incorporar a otras editoriales», dice Orellana Suárez. Fundó Los Sin Pisto en 2018 a partir de ediciones artesanales, bajo demanda. El primer título, Lados B, incluyó a un puñado de narradores emergentes de su país, entre ellos Carlos González Portillo, Michelle Recinos y Pedro Romero Irula. En poco más de dos años, Los Sin Pisto han producido 19 títulos de novela y cuento y una crónica de viajes (Maletas pérdidas, de Jacinta Escudos, también disponible en Amazon en formato Kindle).

Antes del advenimiento de Trinorte, relata Orellana Suárez, «hicimos unos experimentos con la Editorial X». Un guatemalteco publicado en El Salvador y un salvadoreño en Guatemala. Se refiere a Antología menor: D4RKN355, del chapín César Yumán y Dron, de Orellana Suárez, respectivamente.

Editorial X germinó a partir de un encuentro en la última década del siglo pasado entre estudiantes de Filosofía de la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. Produjeron una fanzine, Anomia, «un juego de fotocopias engrapadas». En 1999 lanzaron su manifiesto anticanónico y presentaron sus primeros dos libros,  Estética del dolor, de Estuardo Prado (el creador de la editorial) e Hijas de Shakti, antología de cuentos. Llevan 40 obras publicadas y se venden en las principales librerías.

Las empresas editoriales independientes nunca la tuvieron fácil en Centroamérica y en ningún lugar del planeta. Editorialmente, el istmo representa un mercado ínfimo para el libro. Las micro solo sobreviven gracias a la tenacidad de sus editores y recientemente, merced a las nuevas formas de producir y distribuir. Los tirajes permiten sacar más sin títulos sin comprometer demasiado capital. Los Sin Pisto empezaron su andadura con tirajes caseros, pero de un tiempo para acá mandan a imprimir sus libros en prensa. Su creador, el salvadoreño Orellana Suárez ha sido publicado por la DPI de El Salvador y por las editoriales ticas Lanzallamas, Germinal y Uruk. El problema, dice, es que las capacidades de distribución de algunas casas editoriales son limitadas. En el caso de este narrador, sus libros no llegan a El Salvador. Y las impresiones de la DPI «no circulan mucho». De ahí la necesidad de reinventarse.

El año pasado, Mimalapalabra descubrió la conveniencia de imprimir en los Estados Unidos –a través de Amazon–. Una vez impresos allá, mueve los libros a Honduras a través de una empresa de encomiendas, como un paquete cualquiera. «Los costos de producción del libro son similares a los costos de producción de un libro en Honduras y con una calidad de impresión infinitamente mejor».

Su empresa editorial se aferra a la línea de no dejar libros en consignación con las librerías. «Solo se venden en una librería de San Pedro Sula porque ellos me los pagan. Hay muchas malas experiencias. Si hay una librería interesada que nos compre una cantidad de libros. Les damos un descuento, pero no les entregamos los libros para que paguen cuando ellos quieran».  No todas las micro pueden negociar en esos términos.  Los Sin Pisto acaban de recibir la mala noticia de que las librerías con las que trabajan en adelante aceptarán sus títulos únicamente bajo el régimen de consignación. Están por experimentar con la entrega domiciliar, especialmente en el interior del país.

Las microeditoriales vienen al mundo cuando un escritor, por distintas razones, no encuentra salida a su producción. Publicar a autores del entorno o contemporáneos es el siguiente paso. Hay que ingeniárselas para mantenerse con vida y esforzarse por ser editor, diseñador, promotor y distribuidor.

«El Triangulo Norte es un área de pura sobrevivencia… entonces, es mejor pensar en hacer las cosas en compañía que hacerlo en solitario», opina Orellana Suárez. «Uno se siente más acompañado. Y esto nos permite ampliar un poco más el panorama y pensar en hacer circular la literatura nuestra por nuestra región y además visibilizarnos un poco más».

 

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