Afganistán, cementerio imperial

Estudiantes de una escuela de parteras; Nili, Afganistán. Foto UN/Eric Kanelstein bajo licencia Creative Commons (CC BY-NC-ND 2.0).–

TESTIGO DEL TIEMPO

 

J.C. Malone

NUEVA YORK.– Retirar las tropas estadounidenses de Afganistán para el 11 de septiembre, como anunció el presidente Joe Biden, produce alegría y preocupación simultáneamente.

En Afganistán gastamos más de dos billones [2.000.000.000.000] de dólares en 18 años, sin conseguir derrotar a los talibanes, reconstruir la nación o su democracia. Fue un fracaso político y militar súperespectacular. Tenemos cincuenta millones de pobres, gastamos una millonada en bombas, padecemos un grave problema de salud mental. Dejamos a nuestros pobres empobrecerse aún más, contratamos soldados pobres para matar pobres en Afganistán, una «guerra contra los pobres» en la que sólo gana la industria armamentista. Retirar tropas invasoras de Afganistán tiene antecedentes funestos. En 1989 se retiraron las tropas soviéticas de ese país y poco después, en 1989, colapsó la Unión Soviética. Inglaterra retiró sus tropas en 1919, y más tarde inició el desmoronamiento de su imperio. Las tropas estadounidenses deben retirarse cuidadosamente. Barack Obama sacó las tropas de Irak abruptamente, y se creó un vacío de poder que fue ocupado por el Estado Islámico. El presidente Biden enfrenta dos desafíos muy serios con antecedentes históricos: la guerra y  la pandemia. Estas destruyeron los imperios egipcio, griego, romano, bizantino, mongol y otomano.


Washington invadió el país asiático alegando que ahí  se organizaron los ataques del 911, pero veinte años y cuatro presidentes después, no hay pruebas de la veracidad de ese alegato.


¿Seguiremos nosotros? ¿Nos libraremos del maleficio de Afganistán?

Washington invadió el país asiático alegando que ahí  se organizaron los ataques del 911, pero veinte años y cuatro presidentes después, no hay pruebas de la veracidad de ese alegato. Todo cambió en 2001, cuando fuimos a Afganistán para «destruir» a Al Qaeda. Hoy, Washington y esa agrupación tienen aliados comunes en Siria y Yemen. Invertir cincuenta millones de dólares anuales para luchar contra Al Qaeda en Afganistán resulta ilógico. Pero nunca habrá un «buen momento» para el retiro de tropas: la ocupación nunca fue una buena idea. En Afganistán todo se intentó, nada resultó. En 2019 arrojamos 7.423 bombas sobre Afganistán, veinte diarias, aproximadamente una por hora. Medían el tiempo en bombas, no en horas. Afganistán es un cementerio imperial con un maleficio histórico. Retirar las tropas es peligroso, dejarlas allí sería un suicidio.


J.C. Malone es periodista. Escribe desde Nueva York.

 

1 Comment on "Afganistán, cementerio imperial"

  1. Estupendo artículo. Qué bueno fuera que el presidente Biden lo leyese. Es sabiduría pura, con un pigmento de trágico humor. Al mejor estilo de Malone.

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