Xavier Panchamé: un observador de la soledad y el hastío

Xavier Panchamé, por ELMERIVANH.–

Tomado de Tercer Mundo (Honduras)

 

XAVIER PANCHAMÉ (EL PROGRESO, 1994) CORRE UN POCO la cortina, como si temiera verse descubierto por alguien (o por algo) y se asoma a la ventana situada a su espalda. Son las nueve y minutos de la noche en que se dispone a responder, en la habitación en donde tiene su escritorio y su biblioteca, las preguntas para este artículo. El panorama afuera no le dice mucho: el muro que separa su casa de la de los vecinos y las ramas de los árboles del otro lado. Tiene que asomarse por la otra ventana para ver algo más interesante: las luces de las casas situadas en la montaña.

Panchamé publicó su primer libro, Sombras de nadie, en septiembre de 2020. Se trata de un volumen de once cuentos que abordan temas como el pasado, el amor, la locura o las circunstancias sociales que afectan al individuo, según el texto de la contraportada. Estos cuentos están envueltos en «una niebla» que «vuelve extraño» el mundo ficcional creado por el autor, agrega ese comentario. De ahí, entonces, que transmitan al lector una sensación de incertidumbre, por la ambigüedad que genera su lenguaje connotativo y el manejo de la elipsis.

 

El escritorio de Panchamé en El Progreso. Foto: Tercer Mundo.–

Las motivaciones de un autor de ficciones parten siempre de experiencias vividas o de la observación de las experiencias ajenas, cuando no de la pura imaginación. En el caso de Panchamé, lo que el lector encuentra en Sombras de nadie está motivado por «algo íntimo, familiar, cercano», asegura él, cuando ha vuelto a sentarse frente a la pantalla de su computadora para responder a las preguntas. Uno de los cuentos, el titulado «Otros rostros», es de tipo fantástico, «con la aparición fantasmagórica de doña Marta o Beatriz de la Cueva», el resto explora lo que el autor considera «una cruda realidad, salpicada por eventos cotidianos o llena de lamentos: el abandono, la desapariciones, el desarraigo, la soledad, el hastío y la muerte». «Algunos de mis personajes carecen de esperanza. Viven en soledad. Otros son intelectuales: conversan acerca de libros, de otros personajes, mientras toman café o juegan una partida de ajedrez», agrega.

Para llegar a todo esto; es decir, para llegar a construir esas ficciones, tuvo que transcurrir mucho tiempo, o quizá sólo el tiempo necesario. Durante los años que siguieron al término de su licenciatura en Letras en 2016, con sus lecturas atentas de la teoría literaria y de los cuentos o novelas que encontró en su camino de lector hedonista, cuando empezó a trabajar como profesor en un instituto y después, también, como profesor universitario, con su matrimonio en 2019 y la nueva dinámica vital que eso le otorgó a sus días, libró esas constantes «amistosas batallas» con las palabras que darían forma a los cuentos de su primer libro. Ahí podríamos encontrar su origen como escritor, pero esto no es todo lo que constituye ese origen suyo como escritor.

Todo buen escritor, ya se sabe, es, primeramente, un buen lector, y como cualquiera de «su especie», Xavier Panchamé tiene una historia acerca de sus inicios en el mundo de los libros. Empezó a leer desde niño porque sus padres compraban enciclopedias y algunas traían casetes con grabaciones de cuentos y fábulas. «Pero no fue sino hasta que estuve en el colegio cuando accedí a otro tipo de lecturas, y fueron esas las que me animaron a escribir historias», cuenta. En el colegio, agrega, realizaban análisis y registros, a modo de bitácoras, de las historias que leían. Eran, por supuesto, otros tiempos, en los que las pantallas no dominaban el mundo.

 

La biblioteca del escritor contiene mucha narrativa, poesía y teoría literaria. Foto: Tercer Mundo.–

«Tengo una imagen en mi memoria de cuando tenía 6 años: leo una historia escrita a mano sobre viajes marítimos. Después llegué al colegio y escribía fantasías, que eran una amalgama de lo que leía y veía. En los últimos años de colegio participé en una clase con una historia acerca de unos jóvenes que huyen del terruño, que se precipitan a la ciudad sin conocerla». Esa historia llegó incluso a publicarse, en una edición artesanal, como un proyecto ingenuo que Panchamé no quisiera ahora recordar.

Ha pasado mucho desde entonces. Ahora tiene 26 años y es profesor universitario, y aunque los cuentos de Sombras de nadie los empezó a escribir a los 21, no fue sino hasta el año pasado que consideró la posibilidad de someterlos a un examen editorial. El trabajo de edición del libro con Mimalapalabra duró unos cuantos meses, justo en los días del toque de queda y el confinamiento por la pandemia del Covid-19. El libro primero estuvo disponible en Amazon y hubo que esperar hasta noviembre para que llegara a Honduras, después del paso de Eta y Iota. Esas circunstancias amenazaban con boicotear el entusiasmo del autor y los planes de la editorial para la promoción del libro, pero, para sorpresa de todos, se vendieron 100 ejemplares en menos de un mes, una cifra modesta, pero muy significativa, considerando esas circunstancias ya aludidas y las expectativas de cualquiera que publique libros en Honduras. «Me soprendió que las primeras dos semanas algunas personas, sin que las conociera, me escribieran por las redes sociales para comprarme un ejemplar del libro», dice.

Y poco tiempo después de la aparición de su libro, un nuevo cuento suyo fue aceptado para integrar el volumen titulado Doce cuentos negros y violentos, también de Mimalapalabra, en el que figuran 12 autores hondureños con igual número de relatos que abordan el tema de la violencia, a veces con los recursos del género negro. La incorporación de su cuento «No hay esperanza para un negro» en esta antología fue, para Panchamé, «una auténtica sorpresa».

Xavier Panchamé ha vivido siempre en El Progreso, la ciudad del norte de Honduras en donde nació, se formó como lector y en la que empezó a convertirse en escritor. La mayoría de los primeros lectores de Sombras de nadie también son de esa ciudad. «También algunos de mis personajes viven aquí, caminan, se mueven entre estas calles. Es un lugar pequeño y con poca actividad cultural. Apenas la Casa de la Cultura y el Teatro La Fragua realizan eventos a mediados o finales del año: forman parte de los pocos lugares que visito, en los que me siento tranquilo, por eso quise que algunos de mis personajes estuvieran en uno de estos espacios», confiesa.

 

Calle de El Progreso. Foto: Tercer Mundo.–

En este 2021 a Panchamé lo mantiene ocupado la idea para una novela negra. «Tengo el primer capítulo ya redactado, pero seguro me llevará mucho tiempo tener el primer borrador», dice. Ese género le atrae muchísimo. Acaba de terminar Noticias de la noche, de Petros Márkaris, y ahora lee La pirámide, de Henning Mankell. El próximo será una novela de Élmer Mendoza. Quiere estar en sintonía con lo que intenta escribir; es parte de su disciplina como escritor.

Y esa disciplina, por supuesto, establece también momentos para la lectura: «Tengo una rutina de lectura: en las mañanas leo un poema, antes del desayuno; en la tarde, después de la jornada de trabajo, tomo apuntes de la novela que leo; en la noche sigo leyendo o corrijo lo que tengo escrito. Dedico tres días a la semana a escribir: martes y jueves en las noches, y los domingos, desde temprano toda la mañana». Está convencido de que de esa disciplina algo bueno va a resultar. Mientras tanto, alterna sus clases en el instituto con la que sirve en UNAH-VS y se prepara para empezar a estudiar una maestría en Literatura.

Mientras los personajes de sus cuentos son solitarios, inseguros y han perdido la esperanza, su creador, este joven progreseño de 26 años, que ahora vuelve a asomarse por la ventana, quizá en el intento de imaginar lo que hay del otro lado del muro y más allá de las luces en la montaña, parece indicarnos que su caso va por un rumbo distinto. No parece dudar cuando asegura que su primera aparición en el panorama de la literatura hondureña no será flor de un día, producto de una casualidad, sino que hay que esperar nuevas noticias suyas. Por ahora, ha empezado a ver cómo la materia de la vida y de la experiencia se transforma, con los filtros adecuados, en múltiples posibilidades para la ficción. Habrá que estar atentos a esos constantes asomos por la ventana.

Be the first to comment on "Xavier Panchamé: un observador de la soledad y el hastío"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*