Trump el abrumador

A UNAS HORAS DE que culmine la votación presidencial en Estados Unidos, la buena noticia es que este período de cuatro años parece acercarse a su fin.

Un personaje abrumador. Donald Trump nunca debió ser presidente, no hubiese sido elegido en tiempos de menos inseguridades. Meter cizaña, esa es la aptitud de este hombre, que otros buscan imitar. Llegó a la Casa Blanca arremetiendo contra media humanidad y, en su propio país, ensañándose con salvadoreños, haitianos, mexicanos, musulmanes y afroamericanos. En la era Trump, personajes y grupos racistas asaltan las calles y las redes sociales amenazadoramente, convencidos de que su tiempo ha llegado. Quiso silenciar a la prensa e hizo de la calumnia un arma arrojadiza contra sus críticos. La desvalorización de la mujer es la pauta que da la Casa Blanca. Su versión sobre el calentamiento global y la protección del medio ambiente es la de Jair Bolsonaro y las industrias del carbón y el petróleo: no hay de qué preocuparse. La suma de su gestión es una nación dividida, engañada, menos educada y sin estrategia frente a un virus que consume países. Lo único que no puede achacársele, porque le faltó tiempo o interés o por no concatenarse las circunstancias, es haberse embarcado en aventuras armadas en otras naciones como hicieron sus antecesores. Pero sí le interesa militarizar la seguridad pública y las respuestas al descontento civil.

Trump fue encumbrado por una crisis profunda de valores y el sentimiento de pérdida de supremacía que experimentan sectores maginados. Su visión es una visión falseada: todos los supuestos males vienen de fuera. Pero la erosión del empleo fabril en Estados Unidos no obedece a una conspiración siniestra, en cambio es el producto de las dinámicas de producción capitalistas y las tendencias del comercio mundial. China y otros países aprendieron a jugar, moverse e imponerse en esas esferas y les ha ido admirablemente bien. Irónicamente, Trump ha contribuido como ningún otro a socavar las alianzas estratégicas geopolíticas y violentar las plataformas y mecanismos de intercambio promovidas por EE.UU. desde finales de la Segunda Guerra Mundial, de las que este país fue el principal beneficiario.

Trump ha fracasado. El estruendo de su retórica no puede ocultarlo. Tan solo este sábado se registraron 84 mil casos nuevos de contagio de COVID-19 en Estados Unidos. La cifra de decesos por el coronavirus se acerca a un cuarto de millón, mortandad que pudo haberse cortado de adoptarse correctas medidas profilácticas. En lugar de hacerle frente a la epidemia, el capitán abandonó el barco, indiferente. Naciones con menos recursos, Corea del Sur, Vietnam y otras hicieron aprestos rápidos para contener la pandemia y proteger a sus ciudadanos. China, donde se originó la plaga, puso en marcha un riguroso plan de contención y ahora puede darse el lujo de recuperar la normalidad y reactivarse: a finales de octubre, el Wall Street Journal informó que el país asiático registró un crecimiento interanual de 4.9% el tercer trimestre de 2020. Un caso único entre las naciones.

Estados Unidos no se encontraba en crisis hace cuatro años. Donald Trump creó la crisis, pero además no supo responder al gran reto de su tiempo. Trump es un hombre obsesionado con levantar muros, que ahora se extienden a Centroamérica con el beneplácito de los gobiernos de El Salvador y Guatemala. Sus políticas hacia los inmigrantes rayan en la crueldad.

No se puede dar por seguro, pero probablemente los estadounidenses le pasarán factura al líder republicano este 3 de noviembre.

1 Comment on "Trump el abrumador"

  1. “Trump fue encumbrado por una crisis profunda de valores y el sentimiento de pérdida de supremacía que experimentan sectores maginados.”
    Una frase contundente y a la espera de los resultados que dejen de abrumar a la mayoría de gente en ese país del norte.

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