‘Nerón’: días de pan y circo

Omar Renderos recrea desde la contemporaneidad la figura del emperador romano en maqueta de reality-show y en escenario real

 

Una entrevista de BARRACUDA-LITERARIA

LAS MÁQUINAS CREADORAS de mitos y el poder de la mediatización es la materia de la obra teatral Nerón, que se estrenará el 25 de noviembre en la Galera Teatro de San Salvador.

«El discurso central es el poder y todas sus magnitudes y articulaciones históricas» adelanta Omar Renderos en una conversación a larga distancia para abordar el proyecto que lleva acariciando por años y que finalmente se hizo salvando las barreras y vicisitudes que levanta la pandemia.

«Desde que yo sometí el proyecto a Iberescena [la propuesta concursó y ganó fondos de ese programa] logre que uno de los grandes directores en la actualidad, el maestro y director boliviano Diego Aramburo, se incluyera como director artístico».

Aramburo es también el responsable de la dramaturgia, que se apropia de los datos históricos y los vacía en un montaje que adopta las atmosferas y artificios del reality show, lo que permite recrear al déspota «desde la contemporaneidad».

«La gente espera ver a un Nerón clásico, pero el que aparece en escena luce vestido como Elvis Presley y cantando canciones de Elvis Presley». La dramaturgia se construye a partir de tres momentos: el año 55 de la era cristiana cuando Nerón se encuentra en la cúspide de su poder, la unción de Presley como rey del rock en 1955 y los días de pan y circo en la actualidad.


«Nerón nunca quiso gobernar, quería ser artista, pero la madre lo crió para tomar el poder».


«Nerón nunca quiso gobernar, quería ser artista, pero la madre lo crió para tomar el poder. Ese conflicto se palpa en la obra a través de un conflicto medular».

Agripina, hermana de Calígula y madre de Nerón, creo al «monstruo» que presumía de poeta, cantante y corredor de aurigas, y cuyo tiempo describe Suetonio en Vidas de los doce césares y el Nobel polaco Henryk Sienkiewicz en ¿Quo Vadis? En cuanto a Presley, fue «un arquetipo que movió masas, guapo, talentoso, seductor, fue un mito potenciado por la media». El periodista estadounidense David Halberstam escribe en The Fifties la historia del productor de Memphis, Tennessee, que se propuso encumbrar a un chico blanco que cantara con el sentimiento y la entonación de un afroamericano para convertirlo en estrella. Más que descubrimiento, fabricación.

«En medio de la dramaturgia hay un elemento muy importante que es un tv-host… el tv-host es una especie de moderador de un reality show, y está constantemente metiendo cizaña e intrigando para desvirtuar las historias que cuentan Nerón y Agripina».

¿Cómo se llevaron a cabo todos los arreglos que involucra una obra compleja?

La puesta en escena se organizó a través de las plataformas que cobran preeminencia en la era del COVID-19. Los ensayos se hicieron con Zoom, igual que parte del casting. La tv-host, interpretada por la boliviana Camila Rochase proyecta en la escena mediante un video. Aramburo dirige desde Bolivia «en sesiones virtuales». Omar incorporó a Fernando Umaña como director actoral, que se desempeña como interlocutor presencial entre Aramburo y el equipo humano en San Salvador.

Aunque Nerón va a presentarse en espacios escénicos físicos, con público real, no se hubiera realizado de no mediar la tecnología en que ahora nos movemos los humanos por imposición de la pandemia. Pero además, el tratamiento tecnológico, el video de la presentadora, se justifican plenamente por el juego mediático representado por el reality show y, desde el punto de vista del público, la ilusión de hallarse inmerso en un programa de televisión.

El proyecto estuvo a punto de irse a pique a causa de la persistencia del virus. «Me dieron ganas de no hacerlo este año… no quería [seguir] debido a que el problema de la gestión se puso terrible», confiesa Omar Renderos. Pero Iberescena no quería esperar. Había que hacerla ya, así fuese en un escenario virtual. Hubo que negociarlo. Al final, Nerón se presentará con toda la parafernalia del teatro y con público real frente a actores de carne y hueso.  La única actriz no presencial será la que interpreta el rol de la Tvhost.

La necesidad de reinventarse ha corrido a todo lo largo del proyecto, resolviendo un problema tras otro. Aramburo quería incorporar una bailarina-actriz, pero en el contexto salvadoreño eso es algo que no se resuelve con un par de llamadas. «Yo tenía que decirle, mirá, en El Salvador encontrar ese recurso es complicado… realmente, no tenemos bailarinas-actrices». Al final, esta parte recayó en la guatemalteca Patricia Orantes, que en su larga carrera tetral ha participado en talleres de danza y coreografía. Envió una frase coreográfica de casting por internet y Aramburo la aceptó.

Nerón es un proyecto al que Omar Renderos entró en lo que él llama jugar «desde un punto de riesgo».

«Me atrevo a investigar otras posibilidades que como director y productor me permiten buscar enfoques que me hagan ir fortaleciendo mis procesos», dice el director y actor. «No  todo esta escrito… desde ahí nos colocamos, eso es valido y el riesgo te desestructura como creador para generar propuestas que atañen a nuestro acontecer actual, real».

Nerón se estrena el 25 de noviembre en la Galera Teatro y las presentaciones continuarán en el Teatro Nacional del 3 al 6 de diciembre.

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