Tres poemas de Ilich Rauda

La aventura.

Sombras del magnicidio

La guadaña es un reguero de pólvora

Haz de doble filo

En la escuela de tortura nunca les hablaron de Dostoievski

Nadie apuntó que después del disparo

quedan las manos embarradas

un olor penetrante persiguiéndote

como sabueso errabundo

hasta el tiempo del último latido

 

Después de la mirada en el gatillo

sólo queda el frío en el torrente

alguna arteria chamuscada en la conciencia

 

Después del estallido, y el ruido de las llantas

queda sólo la piel desnuda, la negación de los hijos

el espejo con una imagen nauseabunda

Hasta los mejores amigos, los más sanguinarios

nos retiran el saludo, la mirada;

nos volvemos más pequeños cada día

la piel se transforma en pellejo

el espejo nos niega dos veces

en las esquinas las sombras huyen a nuestro paso

 

Es definitivo

una bala no puede atravesar un corazón que permanece abierto

desde la boca y la palabra profética

Se transforma el plomo, la idea, la explosión, en guadaña del cáncer

cercenando la lengua y la garganta

en la desesperación del suicida

en el testigo que pierde su primer nombre para siempre

y en el tórsalo que huye todos los días de su imagen.

Cuando pienso…

 

 

 

 

 

 

 

El hombre es el poema

El poema es la piel denudada del hombre

Su cabeza sigue rodando como las palabras amadas

Corazón solar o calendario petrificado

Jaguar del tiempo que nos acecha

Can ceremonial abriendo el universo.

 

Un día la sangre derramada germina desde las entrañas de la tierra

Y la palabra hecha hombre retorna

De la región de los muertos hecha Flor

El poema es un campo cultivado.

 

Deja de ser un estado excepcional el poeta

Su ausencia, una mentira

Sus ojos son los ojos de todos los pájaros en vuelo

Su boca es la boca de todos los niños

pronunciando su primera palabra frente al mundo.

 

Yo no creía

Me lo dijeron cien veces:

Que tu palabra permanece

Protegida por los desiertos y los linces

Me lo decían cada diez de mayo:

Tu amor como un cardo entre las manos

La piedra volcánica guardando tu palabra.

 

Por eso pronuncio tus versos como animal nocturno frente al río

Y la noche se incendia estrepitosa

Las corales silban su concierto de colores atravesando los montes

Los reptiles abandonan sus cuevas escapando de tu pecho

Tu corazón enardecido ha retomado su origen de fuego

Y el frío de los nuestros se ha quebrado

Como se quebrantan los espíritus sin sueño

Ante la comprensión impura de tu ternura inacabada.

 

Triste poema pandémico

Los que fueron en sus casas encerrados más tiempo que en Wuhan

y se quedaron varados en otros países

sin esperanza de retornos humanitarios

y no tuvieron trenes del Pacífico,

ni bibliotecas luminosas de cristal reluciente,

que los cegara o entrampara sus mandíbulas

y solo tuvieron conciencia de su hambre infinita:

banderas blancas

para remendar su bandera nacional

por la que siguieron gritando en el mismo estadio de siempre

banderas blancas y percudidas como mortajas

para después de las tormentas

que asolaron sus viviendas

a la orilla de los puentes y quebradas

y fueron catalogados paupérrimos de democracia

y no tuvieron paz para todos sus muertos apilados

en las páginas olvidadas de su historia –fin de siglo–

y continuaron escribiendo su poema de llanto entre fronteras

su novela negra de inmigrantes

que regresaron apenas por arrechos

deportados en aviones y buses

después de una temporada en las cárceles de Texas

o en los centros de migración donde se libraron de los cuchillos

o de ser calcinados por los narcos

Mientras los que no regresaron

tuvieron madres como peregrinas eternas de sus cuerpos

perdidos en el desierto o en fosas clandestinas

o fueron explotadas en la oscuridad de los burdeles de pequeñas mafias

donde los mexicanos y centroamericanos rinden sus salarios por sexo

y cierran el círculo de los nuevos esclavos en pleno siglo veintiuno.


Ilich Rauda

Nace en San Salvador en 1982.

Médico de Familia por la Universidad de El Salvador.

Miembro fundador del Círculo de la Rosa Negra y del grupo literario Delira Cigarra.

Actualmente es secretario de la Asociación de Médicos Escritores «Alberto Rivas Bonilla».

Premio único de Cuento Infantil en los XXV Juegos Florales de Usulután (2017).

Ha publicado en poesía:

Maíz del corazón (Publicaciones Papalotquetzal; 2016)

Forma parte de la Antología poética Tzuntekwani –Cabeza de Jaguar– (2016).

 

 

Be the first to comment on "Tres poemas de Ilich Rauda"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*