Mochileros

Sansimones, Antigua Guatemala. Foto: RL.–

Un periplo del autor con amistades forjadas en la marcha –un griego, una estadounidense, una pareja de uruguayos, entre otros– pintan un mural andante de Guatemala, con claves históricas, geográficas y personales

 

Mario R. Loarca Pineda

 

Un helénico apolíneo

El domingo tempranito, mientras me duchaba en el Chalet Suizo, concebí un plan de viaje para retornar de la capital a Xela. Siendo las ocho, abandoné el «trébol» a bordo de una canastera Orellana rumbo a La Antigua. La mañana estaba fría y nublada, un clima propicio para pasear por la ciudad levítica del trópico que mira al volcán Huh Nah Pu.

Lo primero que hice al llegar fue beberme un tazón de café latte, producto de la finca Filadelfia, en El Portal. Llevaba el dinero ajustadito para la bebida y un yogurt natural de Doña Luisa Xicoténcatl. Un par de empanadas de piña con camote del vegetariano Rey Sol completaron el bastimento.

Me di una ronda por los alrededores del centro y la calle del Arco. Efectué –sin saberlo– mi última visita a la librería El Pensativo, donde conversé por un buen rato con el reputado bibliómano panzaverde, ya tan sacralizado como el «Señor de San Felipe», y recogí una docena de ejemplares de la revista USAC.

A bordo de camioneta. Foto: Mario R. Loarca Pineda.–

Al año siguiente, dicho reducto de bibliófilos escogidos sucumbiría a las llamaradas en plena mañana de domingo.

Cargando tan preciado botín en la mochila coreana abordé otra canastera rumbo a Chimaltenango, la cual se condujo por una ruta que me traería evocaciones del siglo anterior: las caminatas, guiado por el maestro Héctor, ataviado con  camisa típica, sombrero de petate y morral de pita (entre 1984 y 1990); Parramos, una puerta de acceso al luminoso sendero de ORPA, que conducía a Tecpán, Patzún, Tolimán, Santiago Atitlán, Chicacao, Samayac, Colomba y el Tacaná; un desvío que indica la entrada al sincrético poblado de San Andrés Itzapa, santuario de Maximón, que había visitado un lunes cargado de fatales augurios.

Hice escala en Chimaltenango, la inhóspita cabecera-campamento a orillas de la carretera, la Ciudad de los Escudos donde aconteció la epopeya protagonizada por el palestino de Los Altos, Eliécer o Eleazar, activo militante del mínimo Partido Socialista Democrático (PSD) de Alberto Fuentes Mohr, yéndosele de las garras a una tira de panzudos judiciales que lo acosaban y lo persiguieron en plena carretera. Aconteció en el tiempo de Romeo Lucas.

Don Eliécer o Eleazar, malherido y guarecido detrás del estrecho mostrador verde opaco en una tienda-cantina situada frente al jardín, lograría salvar su vida bajo la protección del cónsul tico don Roberto Chávez Lizano, antiguo director técnico del Xelajú MC, campeón 1962, equipo cuya consigna rezaba: ¡Soy Puro Chivo y qué!, con la figura de un caprino resentido y rijoso.


Tras quince minutos de resignada espera, abordé un armatoste de la línea Veloz Momosteca que iba vacío-vacío de acuerdo al rugir del ayudante. Pasamos por Tecpán, Chupol y Las Trampas sin contratiempos…


Me coloqué en una parada que se distingue por la aglomeración de viajantes y la presencia de carretillas repletas de papas fritas y hamburguesas caseras, siempre codiciadas por una runfla de escuálidos canes lugareños que sobreviven en ambos lados de la carretera.

Tras quince minutos de resignada espera, abordé un armatoste de la línea Veloz Momosteca que iba vacío-vacío de acuerdo al rugir del ayudante. Pasamos por Tecpán, Chupol y Las Trampas sin contratiempos. Fue hasta Los Encuentros donde la Veloz se detuvo para cargar bultos, pasajeros y vendedores de papas fritas con salsa catsup de marca Sharp.

Cuando el armatoste se alejaba de Los Encuentros fijé la vista en mi nuevo compañero de asiento: un joven mochilero con aspecto de italiano, catalán o argentino.  Escuché que se dirigía en espanglish a una mujer joven con facciones características de U.S. citizen. El vecino resultó ser ciudadano griego oriundo de un pequeño pueblo turístico cercano al puerto de Salónica.

Sobresale por su figura apolínea y su peculiar acento. Se reconoce obsesionado por el deseo de conocer medio mundo y a sus 31 años ya ha recorrido los países del Maghreb además de Jordania, Egipto, Siria, Turquía, Tailandia, Birmania o Myanmar y una buena parte de Europa.

Se trata de un helénico apolíneo que no se deja atajar y es posible inferir que se juzga predestinado no sólo a mirar la mayor parte del mundo, sino también a mostrar su olímpica figura en donde quiera que se halle.

Posee un caudal de energía suficiente para arramblar a sus acompañantes. Corretea, persigue, capta, come y bebe con fruición cuantos objetos llamativos se pongan a su alcance. Vive una existencia a paso acelerado, con la mente puesta en propósitos y destinos que se suceden uno tras otro sin transición alguna. Pareciera sucumbir al mismo loco afán de aquellos míticos expedicionarios grecochipriotas en busca de Catay.

De Chichicastenango a Todos Santos Cuchumatanes

En el curso de dos semanas ya había recorrido Chichicastenango, Nebaj, la cuenca del lago de Atitlán, Antigua, el volcán Tajumulco, el mirador del Santiaguito, la playa del Manchón y la cumbre de Todos Santos. Después de atravesar Nicaragua y Costa Rica prevé continuar viajando rumbo a Sudamérica, pues se ha impuesto como meta alcanzar el Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Buenos Aires, la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Reiteradamente indagaba con el dedo índice puesto sobre cualquier punto del mapa, disparando: «¿Es un sitio interesante para ver? ¿Es bonito?».

La expresión de su rostro es la propia de un adolescente pingo consciente de su apostura y de su predestinación a explorar incógnitos territorios, cual reencarnación globalizada de Ulises, de Jasón o de Alejandro Magno.

En un interrumpido coloquio, zangoloteados, chapurreando dentro del armatoste, me ha revelado que el peñón monástico del monte Athos posee un estatuto de autonomía dentro de Grecia y que únicamente los varones pueden ingresar al lugar. El hospedaje y la alimentación son compensados mediante donativos, en virtud de que los monjes residentes observan escrupulosamente las reglas de la vida anacorética.

Llegados al cruce de 4Caminos nos apeamos del raudo armatoste momosteco para tomar una camioneta con destino a Xelajú. Arribamos a la terminal que, en la imaginación del apolíneo y de su acompañante nativa de Nuevo México, resultaría –por lo menos– algo comparable a las terminales mexicanas de provincia.

Opté por callar cuando descendimos en medio de charcos de agua hedionda y cáscaras de fruta podrida, poniéndonos en guardia ante el acecho de taxistas, predicadores, enganchadores y carteristas. Me armé de valor y conduje al par de canches mochileros hasta una semidesierta plaza Ciani, donde tomamos un microbús que nos transportó al centro de la ciudad.

Pasados dos días, torné a encontrarme con Dimitri y su compañera temporal de cabalgata: Gretchen, una comedida enfermera de Albuquerque que ha estado matrimoniada con un arpista peruano de Abancay y que parece sentirse fascinada ante el caos cotidiano y lo impredecible de la existencia en un país llamado Guatemala. Nos reunimos enfrente de la catedral y juntos caminamos al selecto restaurante Sabor de la India, reducto del chef Siby, un teólogo católico inmigrado, oriundo del estado de Kerala.


Jeremy resultó ser un interlocutor afín porque conversamos de libros y de los viajes que ha efectuado a la India, a Nepal, al Japón, a las Filipinas…


A la mesa concurrieron dos nuevos especímenes de la aldea global: Jeremy, un ponderado bibliotecario británico que radica en Toulouse y que muestra la pinta inocultable de un refinado intelectual gay; también Evelyn, una joven achinadita y rellenita oriunda de Tiquisate, con aspecto de garnachera, que se emplea en un comedor del derruido ágora quetzalteco, hoy convertido en mercado de confites, fritangas y antojitos. Desde la tarde anterior ella se había quedado cautivada ante la figura del Apolo itinerante.

Jeremy resultó ser un interlocutor afín porque conversamos de libros y de los viajes que ha efectuado a la India, a Nepal, al Japón, a las Filipinas y a los países andinos; lucía extenuado tras una excursión al Tajumulco y reveló que pretende realizar una travesía por el territorio hondureño de la Mosquitia en dirección a Nicaragua, internándose en una ruta abierta por los antiguos misioneros moravos de origen checo que llevaron la buena nueva a la región.

A Gretchen le resultó cómodo ganarse la simpatía de Evelyn por una mutua identificación de género y por la proclividad compartida a los chuchitos, el revolcado, el arroz con leche condensada y la cerveza Gallo. El apolíneo se pasó la cena engullendo samosas y un generoso plato de pollo tikamasala con arroz al curry y guarnición.  Se empeñó en hacer varias llamadas telefónicas para programar las excursiones del día siguiente y del subsiguiente.

Con Gretchen platicamos del desierto de Chimayó, en Nuevo México, donde existe una escuela de Yoga Kundaliniy hay numerosas dehesas para la crianza de caballos de raza; también de sus expectativas ante un segundo gobierno de Barack Obama y de sus expediciones mochileras a través de Chihuahua, Sonora, San Luis Potosí, Zacatecas, Sinaloa, México D.F. y Yucatán. Me hizo la impresión de que es una gringa critica del sistema imperante en USA y que todavía se deja fascinar ante los exotismos que va descubriendo  a lo largo de sus incursiones por América Latina.

La brigada José Artigas

La aventura empezó a delinearse una tarde de octubre cuando acudí al servicio internet de Alternativas. En uno de los buzones encontré una nota remitida por Ana Elisa desde Montevideo. Me informaba del futuro viaje de Victoria Parodi, una atractiva joven de mirada azul profunda, figura esbelta y sigilosa, a quien había conocido durante una visita efectuada a la República Oriental del Uruguay (ROU).

Días después surgió en mi mente la idea de propiciar una visita de la Parodi y de su compañero Guillermo, ambos maestros de primaria, a la región Ixil de El Quiché, teniendo en cuenta que la ROU posee un alto índice de desarrollo humano y Guatemala uno muy bajo, siendo el componente educativo la diferencia más notoria entre ambas repúblicas.

Arribaron a Guatemala el lunes 19.01 en un vuelo de TACA procedente de La Habana.  ¡Ya estaban en el país! No me lo podía creer. ¿Por qué tanta expectación? Lo he comprendido mejor hasta que se marcharon y reconocí la enorme riqueza de nuestro intercambio personal e intergeneracional, algo que no es común entre nosotros los latinoamericanos.

El jueves siguiente, muy temprano, pasaría a traerme Artemio, el supervisor de la fundación Germinal, para viajar juntos al llamado Triángulo Ixil de El Quiché. Me condujo por la ruta que va de Huehuetenango a Sacapulas, una carretera a medio construir que sigue el curso del río Blanco.

Como en anteriores idas al Quiché me dominó la impresión de irme adentrando en un territorio que permanece en otro tiempo, lugares donde flotan leyendas que escuchaba en mi infancia: la lejanía de Nebaj, lo recóndito de la zona Reyna, las rústicas costumbres de los cargadores chajules que caminaban cien leguas hasta alcanzar la labor de mis abuelos en Xelajú.

A lo largo del trayecto Artemio fue manifestando ciertas ideas en torno al matrimonio (¿manicomio?), la familia extensa, la progenie, la educación y la heredad; según sus muy personales nociones fundadas en sólidos principios y valores cristianos.


El testimonio más elocuente resultó ser el de Teresa de la Caridad, una descendiente de acaudalados cubanos fabricantes de lácteos, que ha sido desheredada por sus católicos progenitores  a consecuencia de su repentina conversión al adventismo o sabatismo.


El testimonio más elocuente resultó ser el de Teresa de la Caridad, una descendiente de acaudalados cubanos fabricantes de lácteos, que ha sido desheredada por sus católicos progenitores  a consecuencia de su repentina conversión al adventismo o sabatismo.

Acabando el desayuno en el comedor Berta, de Sacapulas, cuando ya enfilábamos rumbo a Nebaj, me habló del logro conseguido por un grupo de diez jóvenes ixiles que recién acabaron sus carreras técnicas en la Universidad del Valle, campus de Sololá. Uno de ellos, abatido por el cáncer, ha recibido ayuda voluntaria del personal de la fundación Germinal y de algún médico o enfermera de buen corazón.

–¿Por qué un joven tan humilde y esforzado sufre de enfermedad mortal cuando aquí sobran los aprovechadotes que sólo pretenden seguir mamando de la teta?– se preguntaba Artemio en tono de profética lamentación.

Divisamos el valle de Santa María Nebaj poco antes de las diez. En ese instante caí en la cuenta de que habían pasado cuatro años desde mi última visita y que el pueblo lucía un tanto cambiado: más calles adoquinadas con alumbrado, casas de dos y tres niveles, bien adornaditas.

El templo parroquial tiene la fachada pintada de blanco y se asemeja a los de Cotzal y de Chajul; en su interior fueron colocadas minúsculas cruces que honran la memoria de cientos de catequistas y feligreses caídos durante la guerra interna, víctimas de la delación y de la sospecha. Esta ha sido una región indígena plagada de embusteros y de soplones que se han dedicado a enmarañar las mentes de sus habitantes.

La fundación Germinal ha levantado un nuevo edificio en las afueras de Nebaj que tiene el aspecto de una escuela técnica o de un hostal campestre.

El edificio, construido de ladrillo y teja, en estilo californiano, se aprecia desde distintos puntos de la zona y simboliza la imagen de Germinal como una institución ya consolidada, culturalmente insertada. El director local esbozaba un proyecto de ecoturismo, que garantizará la sostenibilidad cuando se hayan agotado los fondos de la cooperación internacional al desarrollo.

De dicha sede proseguimos rumbo a Cotzal, donde queda el albergue de la fundación Germinal, instalado en un deshabitado destacamento militar del período de la guerra interna.

Allí me encontré con Victoria y Guillermo, de inmediato comprendí que seríamos atendidos como visitantes: un tour por las aldeas, un recorrido por el parque natural de la catarata, almuerzo con estofado de carnerito criollo preparado por Bernardo, el antiguo combatiente del EGP que se hizo cocinero cuando acompañaba a las CPR y que afirma jamás haber conocido al finado comandante Rolando Morán, ni siquiera retratado en una foto.

Los orientales rioplatenses padecieron un mambo en la cabeza tras sus largos días en Cuba y las prolongadas charlas con gente de Germinal en un territorio ajeno. Días después confesarían:

Lo que oímos fue que en el Ixil la guerrilla causó mucho daño, muchas muertes; que fueron los cristianos pentecostales quienes trajeron la buena noticia, la paz, la ayuda, la esperanza de una vida mejor y con ello la implantación de Germinal y el inicio de las aldeas que han albergado a los desplazados de la guerra.

Hallándonos juntos, hemos platicado del fútbol uruguayo, de míticas leyendas en torno a Rigoberta Menchú, del tiempo de la guerra interna en Guatemala y de su personal experiencia viajando por Cuba con presupuesto reducido (550 euros durante dos semanas entre ambos).

Tuve la sensación de que ambos se encontraban en Cotzal como caídos del tapanco, sin una noción clara del proyecto de la fundación Germinal y enfrentados a una realidad sociocultural muy distinta a la de Cuba y a la del país oriental, la ROU.

Me acordaba del procedimiento empleado por el sociólogo mexicano Gustavo Esteva, un estudioso de la obra del filósofo austroucraniano Iván Illich, cuando soltaba voluntarios extranjeros sin agenda ni botiquín en medio de alguna comunidad rural de Guerrero o de Oaxaca; tal fue el caso de una iraní de nombre Moshde Velajjati a quien primero tomé por simpatizante de los ayatolas de Quom y luego resultó ser la hija de acomodados persas que decidieron emigrar a Colorado Springs, U.S.A., tras el derrocamiento del sha Mohamed Reza Pahlevi en 1979.

Días después, mientras paseábamos por Xela, Guillermo me contaba de la curiosa experiencia vivida en el Ixil: «¡Y bueno! ¡No sé qué les habrá parecido nuestro modo de pensar!»

­–Ellos nos expusieron el modelo de desarrollo que impulsa Germinal, todo construido a partir del enfoque pentecostal y bien condimentado con un sinfín de citas bíblicas. ¿Viste? Pero nosotros también les hemos presentado nuestro modo de pensar, nuestra posición ante la religión, ante la política, ante las desigualdades sociales. Si les ha gustado o no, ya es cosa de ellos.  Hemos sido muy francos y muy sinceros en todo lo que dijimos.

En contrapunto vinieron a mi mente las miradas y los relatos habituales entre los promotores ixiles vinculados a Germinal. Unos y otros suelen atraer al visitante con afán de provocar una identificación positiva, de animarlo a que se adhiriera a la obra cristiana mediante donaciones, compras de artesanías y de café o bien cumpliendo un trabajo voluntario.

Es así como suele acontecer en el mundo de las agrupaciones de desarrollo autonombradas oenegés. Puede que ello obedezca al síndrome de asumirse como carenciados y víctimas de la llamada violencia estructural que prevalece en Guatemala.

La jornada del viernes en Nevah concluyó con una cena comunitaria que tuvo el menú del desayuno: huevos con cebolla y tomate, frijoles volteados, crema, plátanos fritos, tortillas y café.  Los orientales relataron anécdotas de su gira por Cuba con visible emoción y fascinación. Entre los miembros de Germinal las reacciones oscilaron entre la sorpresa y el escepticismo; quizás partían de otro supuesto: en Guatemala se vive mejor que en Cuba, porque aquí existe la libertadde hacer lo que a uno le dé su real gana.

Lago de Atitlán. Foto: Mario R. Loarca Pineda.–

Artemio miraba a los brigadistas artiguianos con perplejidad, intentando llevarlos –como es su costumbre– al plano subjetivo, algo que entre los pentecostales llaman abrir el corazón, un paso que antecede a los fogosos relatos testimoniales y al consabido mensaje bíblico.

El sábado temprano abandonábamos Nevah rumbo a Xela a bordo del Toyota verde militar conducido por Roberto Jordán, un agrónomo y teólogo pentecostal zacapaneco que tiene nombre de cantante mexicano y que ha sido compañero de pupitre del Ratón Vaquero, un periodista francotirador y asaz puntilloso, en la escuela primaria de Gualán.

Cuando remontábamos Nebaj ascendiendo por la sierra tuvo la idea de escuchar marimba y así, con un fondo musical autóctono hemos atravesado Sacapulas y poco antes de Santa Cruz del Quiché entroncaríamos con el camino que conduce a Santa Lucía la Reforma y Santa María Chiquimula, dos municipios que pertenecen al departamento de Totonicapán.

Mientras íbamos cruzando por áridas barrancas cubiertas de tierra colorada y arcillosa, pudimos contemplar en lontananza la cordillera que separa Sacapulas de Nevah; ya nos adentrábamos en Totonicapán, habíamos salido de El Quiché. El teólogo y agrónomo Jordán hablaba del descuido de los bosques, de la aridez y los incendios forestales provocados por la ignorancia de la gente que no distingue entre un bosque y una selva.

Bordeamos SM Chiquimula sin detenernos a visitar el templo y la sede de la misión jesuítica, que acostumbro llamar nueva reducción paraguaya.

La afinidad con los huéspedes uruguayos me hizo muy llevadero un papel al que no estoy habituado, el de anfitrión, si bien estoy acostumbrado a actuar de cicerone con amigos y extranjeros que han llegado a Guatemala. Platiqué un par de horas con Guillermo en la cocina de mi casa. Él se esforzaba por comprender la complejidad del país Ixil a partir de lo que pudieron captar durante los cinco días de su estadía.

El peso del discurso pentecostal en el grupo de la fundación Germinal y la influencia apabullante de la cooperación norteamericana le provocaron un hondo contraste entre la imagen prefigurada de una Guatemala posrevolucionaria y la realidad que había descubierto en aquel antiguo teatro de guerra.

Excursus a propósito del médico Ernesto Guevara

El sueño guevariano nació en Guatemala. Fue allí donde el combativo médico argentino se convirtió en el Che y donde, ante el golpe de estado de 1954, que puso fin al único experimento democrático que había conocido ese país desde la independencia, concibió el proyecto de una lucha armada antimperialista, a la que después daría él dimensión continental.

  «Cuando ocurrió la invasión norteamericana, traté de formar un grupo de jóvenes, semejantes a mí, para combatir a los aventureros de la UFCO. En Guatemala era necesario combatir y, sin embargo, casi nadie combatió. Era necesario resistir y, sin embargo, casi nadie quiso hacerlo».  (Yvon Le Bot, Guerra en tierras mayas)

Me sorprendió lo familiarizado que estaba el pibe con ciertos temas y asuntos propios de la izquierda latinoamericana. Daba la impresión de haber asistido a intensos seminarios de formación política. Se autodefinió como seguidor de una corriente teórica marxista identificada con la figura de Louis Althusser, el filósofo francés separado del Partido Comunista Francés (PCF) por discrepancias con la línea dogmática promoscovita que encabezaba Georges Marchais.

Mientras escuchaba a Federico, vino a mi mente una lectura reciente: Después del diluvio, obra del politólogo español Ludolfo Paramio, la cual me resultó apropiada para acabar de comprender algunos fenómenos como el eurocomunismo mediterráneo, pudiendo atar cabos en torno a los movimientos revolucionarios centroamericanos y su relación con las izquierdas europeas a lo largo de la década de los ochenta.

Al comienzo de la tarde dimos un paseo. Escogí el recorrido partiendo del monumento al Estado de Los Altos en dirección al cementerio, pasando por el Teatro Municipal, el Teatro Roma y la calle Real. En la necrópolis les mostré el mausoleo de Manuel Estrada Cabrera, Sacerdote Supremo de la Docta Minerva; también, el panteón donde yacen los restos de Alberto Fuentes Mohr, ex canciller de la república y fundador del PSD.

Al siguiente día, se conmemoraba el treinta aniversario de su asesinato.

Regresamos al centro tomando la calle de la barranca que lleva al mercado de las flores y al puente de los Chocoyos, dimos una vuelta por el jardín central y el barrio de la Transfiguración. Cerramos la jornada tomando chocolate champurrado con cambrayes en un lugar de gente estrambótica: casa-museo La Luna, mirando retratos de los poetas laureados en juegos florales centroamericanos.

Victoria y  se retiraron a dormir antes de las diez y yo disfruté de un par de horas en las que pude escuchar la programación sabatina de Radio Educación del D.F., ordenar un poco la cocina y pasar un ratito junto a la cosmonautaLaika, que se había puesto huraña y ladradora ante los exóticos huéspedes arribados desde el gran oriente rioplatense.

La emisora cultural chilanga transmitía canciones napolitanas y arias de ópera que interpretó el destacado historiador, barítono y políglota Carlos Montemayor Aceves, autor del libro Guerra en el Paraíso y otros títulos. Ha sido miembro numerario de la Academia Mexicana de la Lengua.

El domingo temprano emprendimos una caminata que tuvo por destino el Hotel Pedregal, del checo Zdenov, en Candelaria, al pie del Cerro Quemado. El sol requemaba y Guillermo sufrió un acceso de asma después de ascender la colina del templo Monte Sinaí.  La marcha se hizo lenta hasta que acabamos de bordear la labor Arabia y alcanzamos el camino real. Los patojos uruguayos se dejaron encantar con las vistas del volcán Santa María.

Llegamos al Pedregal poco antes del mediodía y tomamos cerveza Cabro acompañada de unas topinkas estilo checo. Federico hegemonizó la conversación respondiendo a preguntas mías en torno al fútbol uruguayo, a las obras de Juan Carlos Onetti y de Eduardo Galeano, a la conformación del gobernante Frente Amplio, a la figura del mandatario Pepe Mújica y a las disputas ideológicas dentro de la izquierda oriental.

De retorno a Xela hemos seguido una ruta que lleva al requemado arriate Telma Quixtán. Llegados a casa les invité a compartir un par de litros de cerveza Cabro y ello dio lugar a un momento muy grato en el que, respondiendo a la curiosidad de Victoria, les platiqué de los mártires Chuchi y Manzanita, a quienes había dedicado el libro Pecado nefando.

Por un instante me sobrevino el sentimiento de transmitir vivencias personales a dos jóvenes políticamente conscientes que bien pudieran ser mis hijos o mis sobrinos. Se fueron a la cama después de las nueve y aún me quedé un rato escuchando La hora nacional por XEB acompañado de Laika, la cosmonauta, compartiendo un tarro de leche con chocolate de La Luna.

El lunes salimos rumbo al cerro del Baúl y los baños Fuente Saludable en Almolonga. Había caído una helada negra y los restos de escarcha cubrían el sendero.

Del mirador en adelante marchamos los tres a un mismo paso y el tema de conversación fue la histórica gira que hizo Victoria por Venezuela con motivo del Foro Social-Mundo Alternativo; ella ha expresado sin tapujos sus apreciaciones acerca del comandante Hugo Chávez y de su proyecto político.

Guillermo la rebatió con argumentos basados en la lógica del pragmatismo: «Así tiene que ser y no hay otra manera si vos lo que querés es realmente construir un nuevo estado socialista, darle participación efectiva a la gente, formar una nueva hegemonía, mantener el respaldo de los milicos…».

Al descender por una pendiente adoquinada soportamos un sol quemante que nos obligó a dar zancadas, buscando un poco de protección en los pequeños trechos sombreados. Empero, aún hubo tiempo para visitar el templo católico de Almolonga con sus imágenes ataviadas de ropa típica.

Después del baño termal quedamos relajados y en silencio, sin energía para caminar ni medio kilómetro. Unos niños lugareños choteaban con curiosidad a Guillermo llamándolo «el argentino|» y dando por sentado que se trataba del nuevo prospecto rioplatense, a lo mejor un mediocampista o un delantero recién fichado por el Club Xelajú MC.

Volvimos a casa, bebimos limonada y mate, ellos me mostraron las fotos tomadas en la ínsula socialista, que recorrieron desde Pinar del Río hasta Santiago de Cuba.

Para la cena preparé con esmero una rica ensalada de patatas-lengua al estilo vienés con huevos de guajolote, queso tipo Sija, queso de capas, pan integral y abend teé obsequiado un año atrás por la Gunatita Elke, una guía y sabia curandera que habita entre bosques y arroyos encantados al lado de los Alpes carintianos, en el extremo sur de Austria.

Los pibes decidieron partir al siguiente día con destino a la Antigua, Tikal, Río Dulce, Livingston y la capital.

Una semana después me reunía de nuevo con los orientales en la barra del café León y escuché el relato de su periplo maya-garífuna mientras bebíamos café latte. Del León iniciamos un recorrido por el centro de la capital, que comprendió el mercado viejo, el templo de la Merced, la antigua sede de la CNT, para hacer memoria de un cruento acontecimiento, el jardín de San Sebastián con el monumento a monseñor Juan José Gerardi, la Casa Presidencial; y luego el Palacio Nacional de la Cultura, el Portal del Comercio con imágenes que conmemoraban el XXX aniversario del asesinato de Alberto Fuentes Mohr, el pasaje Rubio, la Biblioteca Nacional, el Palacio de Correos y sus alrededores.

Al detenernos frente a la efigie de monseñor Gerardi hice un relato sucinto del crimen cometido en el contexto político marcado por los Acuerdos de Paz y la divulgación del REMHI. Ellos se quedaron consternados mientras, por mi mente, pasaban las escenas construidas por Francisco Goldman en su penetrante novela histórica El arte del asesinato político.

Por la tarde, después de merendar un poco de yogurt y unas galletas en el jardín del Hotel Colonial, dimos una ronda por el Centro Cívico, el ghetto 4ºN y la capilla de Yurrita.  De regreso, los hice ingresar al edificio de la Radio Nacional TGW para escuchar un trozo del concierto de marimba Chapinlandia, el programa de la nacionalidad para el hijo ausente de la patria amada.

De la radio caminamos por la Sexta avenida hasta cruzar el jardín que guarda memoria del cronista errante, Enrique Gómez Carrillo. Culminó nuestro tour capitalino con un tentempié en el vegetariano Rey Sol y un par de picheles de cerveza mixta en el viejo bar El Portal.

Iluminación en fonda de Antigua Guatemala. Foto: R.L.–

Hemos hablado de extrañas historias del fútbol rioplatense tales como la pertenencia del célebre director técnico César Luis Menotti al Partido Comunista Argentino, cuando dirigía la selección de fútbol que ganó el campeonato Mundial en 1978, mientras el país era gobernado por un siniestro triunvirato: Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti.

En una revelación final, poco antes de nuestra despedida, Guillermo compartió lo que sigue.

–¿Vos sabés cómo logró ingresar el Che Guevara a Bolivia? Pues con pasaporte uruguayo y en un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, la FAU, que en ese tiempo había sido cooptada por el partido comunista (PCU).

Abandonamos El Portal minutos antes de las nueve, por razones de (in)seguridad.

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Siglas: CNT: Confederación Nacional de Trabajadores; CPR: Comunidades de Población en Resistencia; EGP: Ejército Guerrillero de los Pobres; ORPA: Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas; PCF: Partido Comunista Francés; REHMI: Reconstrucción de la Memoria Histórica.


Mario R. Loarca Pineda es escritor guatemalteco. Autor de Pecado nefando (México, 2006).

 

 

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