EDITORIAL: De ‘cool’ a ‘crazy’

BASTÓ UNA TARDE DELIRANTE para meter al país en la peor crisis de su historia reciente. Fue como una borrachera de domingo, con ultimátums y alardes mesiánicos. Bukele irrumpió en la Asamblea Legislativa rodeado por soldados en zafarrancho de combate, y ocupó un asiento que no le corresponde, intimidando a los diputados –aun a los que de buena gana llegaron a escucharlo–. Pero lo más alucinante fue contemplar al Presidente adoptando poses de profeta en el Salón Azul.

No lleva ni un año en la Presidencia, y Bukele ya quiere superar a Ortega y Maduro. El domingo se comportó como un presidente-bomba, dispuesto a hacer saltar en pedazos la institucionalidad del país. Días antes, había invocado el derecho a una «insurrección». Veamos sus respuestas a un periodista del periódico español El País: «Lo de los militares solo fue un acto de presencia. Fijarse en eso es estar enfocándose en lo superficial». «La gente me gritaba insurrección». «Si yo fuera un dictador o alguien que no respeta la democracia, ahora hubiera tomado el control de todo». «En El Salvador se dan todas las condiciones para el estallido social, pero si no sucede es porque yo pedí al pueblo que tuviera calma». «Tenemos todas las posibilidades para hacer lo que la gente me estaba pidiendo que hiciera».  «El mundo es muy hipócrita. Les encanta las formas y las fotos y dice que hay que dialogar».


Nada bueno se puede pensar tampoco del Ejército. No ha cambiado, la historia se repite. Mauricio Funes sacó a los militares de los cuarteles y ahora no hay quien los meta de vuelta.


Nada bueno se puede pensar de este lenguaje. «De cool a crazy», opinó una internauta en las redes sociales horas después de los hechos del fin de semana. Nada bueno se puede pensar tampoco del Ejército. No ha cambiado, la historia se repite. Mauricio Funes sacó a los militares de los cuarteles y ahora no hay quien los meta de vuelta.

Bukele ganó la Presidencia el año pasado gracias a un aluvión de votos, las encuestas de popularidad le son propicias, es joven, es millonario, de ribete su partido parece bien encaminado –hasta el momento– a apuntarse jugosos triunfos en las elecciones de diputados y alcaldes de 2021. En los meses anteriores parecía haberse ganado la buena voluntad de un grupo de diputados, incluyendo al presidente de la Asamblea Legislativa, Mario Ponce, cuyo sillón usurpó el domingo.

Una posición envidiable, pero no le basta ser el presidente cool. Este domingo, mientras oraba en el Salón Azul probablemente no era Dios quien le hablaba, sino las tentaciones del poder. Y ojalá fuese para hacer buenas acciones, de las que el país necesita, como apostarle a mejorar la educación, dinamizar la economía, garantizar que cada vivienda tenga un piso decente, acceso a agua potable y servicios higiénicos. Que nadie esté condenado a vivir en un piso de tierra. Tenemos que recuperar las pensiones, contar con una ley de agua. En fin, tantos asuntos.

Ciertamente, uno de los más desafiantes son las pandillas. Los mareros no solo extorsionan a los vendedores callejeros, los propietarios de tiendas y los distribuidores de churritos. Aprendieron a jugar a lo grande. El Salvador es quizá el único país del mundo donde el crimen organizado no da dinero a los políticos, sino que los políticos le ofrecen dinero. Arena y el FMLN, según el expediente que les ha levantado la Fiscalía de la República, entregaron fuertes sumas a la delincuencia para que les ayudaran a ganar elecciones. Las pandillas tuvieron la viveza de grabar las sesiones de los encuentros con los representantes de los partidos y varios poderosos se han quemado en esas andanzas: diputados, viceministros, jefes de partidos.

A Bukele y su entorno no le han abierto ningún expediente, pero investigaciones periodísticas llevadas a cabo por el diario digital El Faro indican que él también tuvo tratos con pandillas, primero como candidato al Ayuntamiento de San Salvador, y después cuando alcalde. Estos contactos condujeron a que las maras recibieran beneficios (espacios de ventas callejeras, empleos pagados en la feria agostina, asignación de puestos en el mercado Cuscatlán y miles de dólares).

Este lunes, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, en respuesta a una demanda de inconstitucionalidad que presentaron dos ciudadanos, le ha puesto freno –por el momento– a los desafueros del Presidente, pidiéndole «abstenerse de usar las Fuerzas Armadas en actividades contrarias con los fines institucionales». El embajador de los Estados Unidos, Ronald Johnson, desaprobó públicamente el domingo el uso de la milicia en la Asamblea Legislativa, opinión que Bukele no se puede dar el lujo de desdeñar.

Pero su ambición es grande y Bukele no se va a quedar quieto.

Solo que ya sacó el cobre y ahora el mundo puede ver su talante autoritario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Comment on "EDITORIAL: De ‘cool’ a ‘crazy’"

  1. J.C. Pérez | 13/02/2020 at 10:02 am | Reply

    Todo bien en el artículo, lo único es que este aprendiz de dictador debería ser comparado con el inquilino de la Casa Blanca y no con presidentes electos democráticamente, y cuyos pueblos están siendo atacados por un poder hegemónico. Ya vendrán nuevas elecciones en esos países para desmostrarnos si son dictadores o si son demócratas.

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