‘Los ofendidos’: el pozo y el péndulo de los años de la guerra

Exmiembro del S2 de la Guardia Nacional ante el Libro Amarillo. Fotograma de 'Los ofendidos'.–

Este extraordinario documental de Marcela Zamora saca a la luz el inframundo de la represión y la tortura perpetrada al amparo de la doctrina de la contrainsurgencia en El Salvador. Emerge de este esfuerzo una historia rica en humanidad y lecciones inolvidables

Róger Lindo

Los ofendidos (2016), la cinta de Marcela Zamora que describe la persecución y la tortura en los tiempos de la guerra, se puede ver gratuitamente en el sitio vimeo a partir de este jueves, anunciaron la realizadora salvadoreña y el periódico El Faro, coproductor del filme. Para tener acceso al material basta con pulsar el hipervínculo. El documental está liberado hasta las 12 a.m. del 5 de marzo.

El filme de Zamora reabre el capítulo de las atrocidades cometidas por los militares salvadoreños a lo largo de más de una década de conflicto. Sacerdotes, sindicalistas, campesinos, maestros, profesionales, activistas políticos fueron atormentados y asesinados por la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda y la Policía Nacional siguiendo los imperativos de la guerra de contrainsurgencia.

Marcela y Rubén Zamora hablan sobre los tiempos de la guerra sucia. Fotograma.–

Los ofendidos que aborda Zamora no eran los alzados en armas. No figuran en esta historia combatientes que emboscaron a batallones del Ejército o asaltaron cuarteles a fuerza de explosivos, ni excomandantes guerrilleros. Encontramos en cambio a un político demócrata, una catequista,  un médico, un defensor de los derechos humanos. Pasaron por las cámaras de tortura, donde especialistas en el oficio les aplicaron la capucha, los violaron, los balacearon o les trituraron los huesos o los testículos. En las escenas del documental de Zamora, aun los muros, celdas y pasillos donde millares de civiles vivieron un infierno, comparten su muda historia.

Neris Castillo es una sobreviviente. Elementos de la Guardia Nacional de San Vicente la capturaron cuando tenía 16 años. Su crimen era «alfabetizar a los campesinos de San Nicolas Lempa, Santa Bárbara y Guajoyo». A los ojos del Estado y sus paramiliatares, esta actividad la convertía en «subversiva». En lo profundo del cuartel de San Vicente, sus captores le administraron choques eléctricos, la sometieron a los tormentos de la capucha, le arrancaron las uñas y, al final, creyéndola muerta, la arrojaron en un solar baldío en el que acostumbraban deshacerse de sus víctimas. Se encontraba embarazada de ocho meses y a raíz del maltrato, perdió la criatura.

Marcela se sumerge en el entorno familiar con el afán de entender las claves de aquella saña. Los Zamora son una familia en cuyas venas circula la pasión por la política. El tío de ella, Mario Zamora, dirigente del Partido Demócrata Cristiano (PDC), fue asesinado por un escuadrón de la muerte durante un festín familiar. Su padre, Rubén, figuró en el liderazgo del Frente Democrático Revolucionario (FDR) en los años del conflicto armado y en 1999 se lanzó como candidato del FMLN a la Presidencia. Rubén aparece incluido en el Libro Amarillo, una especie de pronturario de «secuestrables» atribuido al Estado Mayor del Ejército. En 1977, él y su esposa fueron apresados y arrojados a las mazmorras de la Policía Nacional, donde los torturaron. En reacción a presiones internacionales, los militares los liberaron con la condición de que salieran al exilio.

En un pasaje significativo del filme, Zamora padre revive los esfuerzos que se impuso enmedio de su cautiverio. Para no enloquecer, pensaba en su familia. En cierto momento, se entregó a racionalizar y a explicarse a sí mismo por qué estaba donde estaba.

Al final de ese ejercicio, llegó a una conclusión: «Estoy aquí porque soy cristiano».

Pasillos que conducen a las celdas en la actual PNC. Fotografma de “Los ofendidos’.–

Una de las características sobresalientes del documental es que no se detiene en el testimonio de las víctimas, ya de por sí sobrecogedor. Marcela también se propuso poner frente a la cámara a los que torturaron. Esto no era una empresa fácil, explica. «Se habían vuelto cristianos [evangélicos] y no querían recordar ese momento de sus vidas. Explicaron que ya habían olvidado todo, y que ahora eran buenos y personas de Dios».

Finalmente, un exmiembro del S2 –la sección de Inteligencia– de la desaparecida Guardia Nacional accedió a «colaborar» con los cineastas. Con la condición de que le permitieran ocultar el rostro, lo que se logró con un velo. El recuento de este hombre es un hilo que atraviesa otras secuencias del filme. Ahí describe, con frío profesionalismo, los métodos de los interrogadores y la vida miserable a que fueron condenados los sospechosos de ser subversivos. Al margen de cualquier norma y ley.

Con conocimiento del oficio, el exmilitar abunda en la naturaleza de su trabajo dentro de la S2. Cómo se hacían las operaciones de seguimiento y vigilancia, cómo eran las agonías, y qué fin esperaba a los cautivos.


 «No se les daba ni agua ni comida ni nada». A veces, después del interrogatorio, quedaban en el olvido. Sí se morían, «había que ir a botarlos». A veces eran mujeres, «pero no por ser mujer se les tenía un tipo de lástima».


«Por aquí, abajo del edificio [el cuartel central de la G.N.], había bartolinas [en las] que solo cabía una persona», explica el S2 con ayuda de papel y lápiz. Requerido por la entrevistadora, accede a trazar en el piso un cuadro que ayuda a precisar las estrecheces a las que se confinaba a los prisioneros. «No se les daba ni agua, ni comida, ni nada». A veces, después del interrogatorio, morían en el olvido. Sí ese era el caso, «había que ir a botarlos». A veces eran mujeres las torturadas, «pero no por ser mujeres se les tenía un tipo de lástima».

Estos testimonios dejan la sensación de que el trabajo de los aparatos de inteligencia no era muy sagaz ni inteligente. Devino en una industria de brutalidad pura. Ser objeto de sospecha equivalía a ser culpable.

En el curso de los interrogatorios no era insólito que los propios comandantes militares se presentaran a echar una mirada. Así le pasó al Dr. Juan José Romagoza, apresado en 1980 en Chalatenango y conducido al cuartel general de la G.N. Frente a él, en plena sesión de choques eléctricos, apareció nada menos que el general Eugenio Vides Casanova, entonces director de la Guardia Nacional. Eventualmente, el testimonio de este médico contribuyó a que un jurado estadounidense hallara culpable a Vides Casanova de graves tropelías contra los derechos humanos. En 2015, el militar, que se había afincado en el Norte, país que quizá considerara el más seguro del planeta para un héroe de la guerra sucia, fue deportado a El Salvador. Romagoza y Neris Castillo fueron a recibirlo al aeropuerto.

A lo largo de los ochenta minutos de inmersión en este pasado terrible, y no tan lejano, Los ofendidos no descuida poner de relieve el rol preponderante que jugó el Gobierno de Estados Unidos en esas atrocidades. Instituciones como la Escuela de las Américas adiestraron a nuestros militares en los principios de la contrainsurgencia, cuyos manuales incluían los refinamientos de la tortura.

La firma de los Acuerdos de Paz de 1992 puso fin la guerra, cuyos horrores no se comparan con nada que haya experimentado El Salvador en sus casi 200 de historia. Pero como escribe Marcela Zamora al momento de liberar el filme, «un país que no se hace cargo de sus errores pasados, está condenado a repetirlos».

Sopesando acontecimientos recientes, se concluye igualmente que nunca se puede estar con la guardia baja a este respecto.

El Dr. Juan José Romagoza sobrevivió a las torturas. Fotograma de ‘Los ofendidos’.–

La decisión de abrir este extraordinario documental coincide con la reciente decisión de la Asamblea Legislativa de aprobar una Ley de Reconciliación que echa tierra a masacres como la de El Mozote, en la que un millar de campesinos fueron exterminados por el Ejército, y ofrece impunidad expedita a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad.

El proyecto fue votado en la noche del martes por 44 diputados de los partidos Arena, PDC y PCN. El bloque de GANA votó en contra, el FMLN se abstuvo a último minuto, y un puñado de parlamentarios de las otras formaciones políticas votaron en contra o se abstuvieron de pronunciarse.

Es, por ende, un oportuno momento para hacer este repaso. Una travesía dura, sin duda, pero, al menos, en la opinión de este reseñador, el filme deja una inefable sensación de resiliencia y humanidad.

Róger Lindo es periodista y escritor.

FICHA TÉCNICA DE LOS OFENDIDOS

Documental (80 mins). El Salvador-México / 2016

Dirección: Marcela Zamora

Producción: Julio López

Edición: Andrea Bilbao

Fotografía: Álvaro Rodríguez

Sonido: Paolo Hasbún

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