David Duke: todas las energías al lienzo

David Duke muestra piezas dedicadas a la gente de teatro en El Salvador.

Tras un periplo por Europa, el pintor renueva su visión y arrecia con líneas de producción más libres y depuradas. «No podés limitar tu creatividad a crearte una marca. Sos un cúmulo de experiencias, no podés casarte con un estilo único y decir este soy yo. Eso me ha llevado a seguir experimentando, a depurar…».

 

Una entrevista de BARRACUDA-LITERARIA

 

1 FEB 2020

¿Qué propuestas tenés actualmente?

Estoy proponiendo una serie de retratos de gente de teatro que yo he conocido y que siento que son importantes para la vida del teatro actual. No están todos; sé que hay muchos más, pero básicamente he escogido a la gente con la que más contacto he tenido y que actualmente están activos. Estoy cerrando círculos; iniciando una etapa para que quede registrada en mi carrera de retratos y, por el otro lado, siempre llevo la línea del abstracto, trabajando varias propuestas que quiero presentar en concursos fuera del país y, al mismo tiempo, manteniendo la línea abstracta para personas que ya están interesadas en mi trabajo.

El año pasado hiciste una gira por Europa, ¿qué salió de eso?

La gira fue organizada por Nair Nap, una asociación de artistas peruanos que conocí en mi viaje a Perú en 2013. Me fue muy bien. Pasaron varias cositas, positivas y negativas. Aprendí a moverme en Europa [Irlanda, Suecia, Francia, España y Bélgica]: en bus, en tren, en avión; aprendí a conocer el otro punto de vista en Europa: el racismo, las clasificaciones que no vemos desde aquí: nosotros los latinoamericanos no estamos dentro de las clasificaciones étnicas usuales, o somos indios [India) o árabes. Digamos que son las cosas negativas.

Retrato de Donald Paz.

Por otro lado, no hubo voluntad de parte de la cónsul en Londres para que yo expusiera en Irlanda en la exhibición de un documental de Monseñor Romero. Ella también es pintora, pero no hubo aceptación: ya no se dio la exhibición. El lado positivo fue que cuando se dieron cuenta mis amigos de que ya no se iba a hacer esta exposición, se movieron y uno de ellos me invito a hacer una exhibición en Bruselas. Me dijo: «Si llegás, si te pagás el boleto, yo te consigo la exhibición». Fueron mas allá, y me consiguieron donde dormir. Se portaron súper bien y al final hice una exhibición en el local del colectivo Dak Luzín, que fue la mejor exhibición personal que tuve en Europa. A ese colectivo pertenece la salvadoreña Ingrid Gallardo. Por cierto, está en proceso un documental de ese momento sobre la llegada de un salvadoreño a exponer. Va a salir más adelante, supongo. Hay un equipo de editores dirigido por un productor alemán radicado en Bélgica que va a sacar este documental. Entonces, la cosa es que me fue súper bien en Bruselas.

El sueño del artista es ir a la meca, es ir a Paris, pero una vez ahí te topas con que es el mainstream al estilo Nueva York. Las galerías tienen un alto perfil; entrar a una galería es súper difícil: ya no hay nada de lo romántico del arte del siglo pasado; ya todo es full- commerce y full-beautiful people. Ahí ya estás hablando de ligas mayores. A pesar de esto, tuve un encuentro con varios artistas en París.

¿Quiénes eran esos artistas?

Variado. La exhibición fue en un barco-galería detrás de la catedral de Notre Dame. Son barcos que se anclan en el rio Sena, y adentro está la galería. A mi exhibición llegó Nicole Schwartz. Me pareció un gesto súper noble de su parte: ella es la gran maestra del abstracto en el país. Fue una grata sorpresa. También llegaron Baltazar Portillo y Rodolfo Oviedo Vega, ambos salvadoreños. Rodolfo vive en París, donde tiene su estudio, y tiene también una asociación, Ni le Jour ni la Nuit [Ni el Día ni la Noche], y le va muy bien. Ha guerreado en un lugar difícil. Tuvieron la amabilidad de llegar al lugar. También llegaron unos poetas de Colombia. Fue un evento concurrido. Claro, fue una exhibición colectiva, y fue súper interesante. Ahí conocí a unos españoles que después me llevaron a exponer a Madrid. Borgoño San Juan, un gestor cultural español que organiza exposiciones por toda Europa, me llevo a hacer una exposición a Madrid, y luego él se llevo los cuadros para hacer una exhibición en  Melilla. A mí me pareció genial, ya estando ahí, poder conectarme con gente que anda en el mundo del arte. De ahí, con esos otros latinoamericanos con los que nos juntamos, hicimos una exhibición en Barcelona en una megagalería que se llama Arteria. Súper genial, no me lo esperaba así; estamos hablando de una galería de primer nivel. Creo que los cuadros quedaron pequeños; debimos haber puesto cuadros más grandes. Siempre te queda la inquietud de volver y hacer otra exhibición.


En Bélgica la jugada del arte es completamente distinta: hay coleccionistas grandes que han puesto el ojo en Bruselas y la gente es muy noble.


Estuve en Irlanda una semana, en casa de una amiga. Fue bonita la experiencia: conocí un montón de lugares. No se hizo la exhibición, pero dejé diez cuadros en Dublín con la intención de que se expongan más adelante. Es así que tengo guardada en Europa parte de la producción que hice allá: iba viajando y produciendo en los lugares que visitaba, usualmente en la sala de mis amigos.

Después de esas exhibiciones, me fui a Bruselas. En Bélgica la jugada del arte es completamente distinta: hay coleccionistas grandes que han puesto el ojo en Bruselas y la gente es muy noble. Es otro rollo… la nobleza de los belgas. Hacen un esfuerzo por comunicarse con vos a pesar de desconocer el idioma que hablás. Nada que ver con la gente de otros países de Europa. En Francia –o mas bien en París– no te quieren hablar ni en español ni en inglés. Pero en Bélgica es distinto, para ellos lo importante es comunicarse. Me fue bien. Vendí una obra allí. Al final, al hacer el recuento, sabés que valió la pena.

¿Qué aportó el viaje a tu práctica de pintor?

El viaje confirmó muchas de las cosas que yo sabía ya por instinto: que tenia que mirar mi carrera como una serie de etapas y no solamente producir y producir bajo una sola estética, una sola línea. Ahora puedo trabajar todas las estéticas que se me ocurran, por ejemplo, hacer una serie solo de retratos y una serie solo de paisajes.

Entonces, lo que me trajo este viaje fue confirmar que debía cerrar círculos, terminar una etapa antes de pasar a otra. Es una de las razones precisamente por las cuales ahora me estoy metiendo en el retrato al óleo. Pero también me he dedicado a mejorar mi propio trabajo abstracto: experimentar más ciertos estilos, definirlos mejor. Ahora estoy trabajando con una galería fuera del país, y cada galería tiene su estilo propio. O sea, que podría decir que hay dos artistas, dos Duke. Pero estoy haciendo los dos estilos con la intención de que no choquen, que no compitan. No son competidores, no son excluyentes. Además, no creo que un artista se apegue a un solo estilo: la creatividad no tiene limites, y en ese sentido creo que uno puede generar diferentes estilos y diferentes tipos de creación. No podes casarte con una sola línea. Claro, muchas veces serás reconocido por un estilo especifico, pero no podés limitar tu creatividad a crearte una marca. Sos un cúmulo de experiencias, no podés casarte con un estilo único y decir este soy yo. Eso me ha llevado a seguir experimentando, a depurar, a buscar un mayor impacto con la pintura de manera consciente.

¿Consciente en qué sentido?

Me he vuelto mas consciente en el sentido de que cada pieza debe producir un impacto, cada pieza tiene que superarse a sí misma, tiene que volverse una pieza energética. Una de las cosas que me gusta es secar la pintura al sol o bajo la luna; puedo montar el lienzo y pinto, o lo desmonto y pinto: puedo pintar de las dos maneras. Estoy en ese juego que físicamente es difícil cuando estas trabajando con formatos grandes, pero todo con la intención de que esa energía que te menciono quede atrapada en el lienzo. Lo estoy haciendo de manera consciente, significa que cada vez que estoy trabajando en un lienzo estoy pensando que la energía va quedando atrapada en cada brochazo, en cada pincelada. Trabajo mucho con el rodillo, trabajo mucho con las transparencias, usando color ultratransparente, con bastante agua: lleva poco color y esa transparencia lo que hace es darle cuerpo a la figura. Entonces pienso: aquí queda atrapado esto, y esa es mi búsqueda.

Ángeles covalentes, el cuadro que vendiste al Poma, ¿qué significó para vos?

Lo que te puedo decir es que ese cuadro es un antes y un después en mi carrera. Básicamente, yo siento que el Poma me pone en escena, como en el teatro. Antes de eso yo estaba tras bambalinas, y recibo un empujón que me hace salir frente a los reflectores. Para muchos, para los cuales yo no existía, empiezo a existir. No porque lo haya comprado uno de los grandes coleccionistas del país, sino porque implica varias cosas. Es un gran formato, lo que implica que en algún momento tengo que pintar otro; no me puedo quedar solo con uno. Fue un salto de

Foto: barracudaliteraria.com

calidad: usé bastidores que mande a hacer con un carpintero; antes de eso yo mismo hacia los bastidores. Además, en esos días estaba trabajando y tenía ingresos suficientes para comprar materiales de mejor calidad. Ha sido una catapulta. Después de lo del Poma, pude renunciar a mi trabajo, irme a Cuba, limpiarme de lo tóxico de trabajar en la Asamblea Legislativa.

Estaba viajando una vez al año, pero entonces decidí no viajar por un tiempo, ahorrar, siempre apostándole a la pintura. Y luego dije: vamos a apuntarle a Europa. Entonces me hicieron una invitación a participar en esas exhibiciones con artistas latinoamericanos.

Yo no voy a dejar de pintar, voy a seguir produciendo bastante, lo más que pueda. Y si la vida me lo permite, voy a moverme fuera del país un tiempo.

 

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