EDITORIAL: ¿Qué sigue en Chile?

A las calles.

MULTITUDES AFLORAN y dan un mazazo al conformismo. Chile es una nación en la que impera la dictadura del conservadurismo en sus distintas acepciones y, dependiendo de los tiempos, rudas o sutiles formas de represión. Dictadura con elecciones. Tiranía de las fuerzas armadas y del 1% de encumbrados que amasa riquezas sin frenos y sin mirar fuera de sí. La utopía de los Chicago Boys sigue adentro como una estaca. Pinochet muerto preservó su legado en las instituciones, en el modelo, en las mentes y en el Ejército —constitucionalmente, árbitro y rector del destino del país, y con derecho eterno a un vasto botín de guerra. Los Gobiernos de izquierda le dieron buen mantenimiento a la máquina, cambiaron los filtros, checaron los niveles y todo siguió igual. El modelo siguió en marcha, incólume, sin fisuras. Entretanto, se ensanchaba la desigualdad, los chilenos se endeudaban sin esperanza, y se lucían indecorosamente enormes fortunas frente a la precariedad de las mayorías, figuritas al pie de los rascacielos. Pero a mitad de la pesadilla se incubó un grito que rompió las ataduras y estalló en octubre, estremeciendo, buscando aire puro, una nueva realidad.


Estamos frente a un movimiento nuevo, vigoroso, puro, sin programa, sin liderazgo, quizás sin rumbo


Piñera tiene miedo. Los milicos y los privilegiados están asustados. No estaban preparados para este despertar caótico que les sacude el piso. Las izquierdas autocomplacientes, burocráticas, acomodaticias y desconectadas, están desconcertadas. También tienen miedo. Entretanto, por las calles y las plazas de las ciudades chilenas se pasean voces claras y fuertes. Pinochet está muerto, Violeta Parra y Víctor Jara viven y cantan. Están donde deben estar, acompañando a su pueblo.

Nadie sabe qué seguirá en los días siguientes. Estamos frente a un movimiento nuevo, vigoroso, puro, sin programa, sin liderazgo, quizás sin rumbo. Una anarquía de masas. Pero no hay que dudar que los chilenos sí saben lo qué quieren y lo que no quieren. Y lo que quieren es todo: respeto, igualdad, tolerancia, acceso, dignidad. No son alienígenas, ni robos. No son invasores de una nación extranjera. Son los chilenos que se han movilizado y están podridos de lo que miran y lo que han recibido.

1 Comment on "EDITORIAL: ¿Qué sigue en Chile?"

  1. Me gustó leer un articulo que además de bien escrito y bien informado, posee un gran entusiasmo.No son las izquierdas ni las derechas, ni los centros, ni programas de riqueza inmediata u otras promesas baratas. Es la rebeldía ciudadana, la desobediencia civil,o como quiera que se le llame, la que entusiasma. ¿Donde irá a parar? No interesa, solamente se deja constancia de quien realmente tiene el poder de trabar la máquina.Pan para nuestra matata.

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