‘Cine Libertad’: como si fuera una cinemateca

Fachada del antiguo cine Libertad.

Divulgar el buen cine es su agenda; arrancó en septiembre y ofrece una muestra fílmica selecta de producciones nacionales y mundiales

Róger Lindo

¿Por qué no hay cinemateca? Esta pregunta ronda las mentes de los cinéfilos desde siempre o, al menos, desde que los primeros largometrajes de factura doméstica alimentaron la aspiración de tener en El Salvador, quizá en un día no muy lejano, un techo que cobije el desarrollo cinematográfico.

La desidia, el saqueo de los recursos, el desinterés del Estado, la mentalidad estrecha con respecto a la cultura podrían explicar la carencia en El Salvador de una entidad de esa naturaleza, cuando ya en el entorno regional, y con limitaciones parecidas, Costa Rica, Guatemala –en la Universidad de San Carlos– y Nicaragua ya hicieron lo suyo.

Pero siempre se puede plantar algo que abone a esa vieja aspiración.

Afiche de ‘La isla: archivos de una tragedia’.

Por ejemplo, una cartelera con filmes de calidad.

El 20 de septiembre pasado, la Dirección de Cine y Audiovisuales del Ministerio de Cultura, que dirige el cineasta Jorge Dalton, dio un paso en esa dirección con el estrenó de “Cine Libertad”, una cartelera que apoyan el Museo Nacional de Antropología —las proyecciones tienen lugar en el auditorio del MUNA, la entrada es gratuita– y la Asociación de Cine y Televisión de El Salvador (ASCINE). Cine Libertad divulgará obras de calidad hechas en El Salvador y en países con sólidas industrias cinematográficas, como Brasil, México, Cuba, Italia, Francia, Estados Unidos y Japón.

El proyecto despegó con Acajutla, la historia de un puerto, de Mauro Arévalo (El Salvador), un recorrido documental sobre esa terminal portuaria. En esa primera función, afirma Dalton, la sala rebalsó de espectadores.

Las funciones continuarán el sábado 5 de octubre con La isla: archivos de una tragedia, producción alemana-guatemalteca dirigida por Uli Stelzner, con fotografía de Guillermo Escalón. El largometraje penetra en los archivos secretos de la extinta Policía Nacional de Guatemala (80 millones de páginas que van de 1882 a 1997), que salieron a la luz pública gracias a una explosión accidental que se produjo en el cuartel que los albergaba, tema que el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa explotó en su novela El material humano).


No es la primera vez que Dalton se abre campo a codazos para promover el séptimo arte, el nuestro y el de afuera.


La función cerrará con un panel para abordar el filme. En él participarán las cineastas Marcela Zamora (El cuarto de los huesos; Los ofendidos) y Brenda Vanegas (El camino más largo; Volar), el director del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), Carlos Consalvi (el museo tiene una colección fílmica importante) y el periodista Ricardo Vaquerano.

“Un objetivo de nosotros es divulgar el cine salvadoreño. Muchos saben que existe, pero no han visto las películas”, apunta Dalton.

Nuevos horizontes

Hay una valiosa acumulación a lo largo de la última década y media en El Salvador en lo que respecta al quehacer cinematográfico.

Ya se hace cine y otros productos audiovisuales de manera sostenida, y empiezan a sentarse las bases de lo que André Guttfreund denomina “microindustria del cine”. Esta aspiración recibió un valioso empujón gracias al proyecto Pixels, creado por el Ministerio de Economía en el quinquenio de Salvador Sánchez Cerén. Además de Guttfreund estuvieron involucrados en esa iniciativa el director de Innovación y Calidad del Minec, Yax Canossa y la exviceministra de Economía, Merlin Barrera. A lo largo de su existencia, Pixels aportó casi cuatro millones de dólares, que hicieron posible 72 producciones originales, entre audiovisuales, animaciones y videojuegos.

Adicionalmente, las películas de Marcela Zamora, Arturo Menéndez (Malacrianza; La palabra de Pablo) y Manuel Sorto (Sistiaga), en Francia, para mencionar unos cuantos, compiten exitosamente en festivales y sus obras circulan en los circuitos comerciales. Finalmente, la irrupción de producciones méxicosalvadoreñas, como El mundo más pequeño, de Tatiana Huezo y La batalla del volcán, de Julio López, han expandido el horizonte del cine nacional. Llama la atención que esta última batió records de exhibición –para un filme doméstico– en las salas comerciales.

Jorge Dalton en la Unidad de Cine y Audiovisuales.

Son los tiempos del nuevo cine salvadoreño.

No es la primera vez que Dalton se abre campo a codazos para promover el séptimo arte, el nuestro y el de afuera. Hace unos años, siendo presidente Mauricio Funes, la Dirección de Cine y Audiovisuales se montó en la señal de Canal 10 con “Cine Apolo”, desfilando los jueves en horario nocturno con proyecciones de cine internacional y una revista informativa elaborada por la Dirección de Cine y Audiovisuales. El segmento terminó, fue relanzado en 2015 y desapareció nuevamente a finales de la administración de Salvador Sánchez Cerén.

“Se elevaron los ratings. Era algo positivo”. Desgraciadamente, lamenta Dalton, el espacio fue cerrado “sin razones justificadas”.

Remoto antecedente de Cine Apolo y Cine Libertad son las exhibiciones que la Alianza Francesa organizaba en el antiguo Teatro de CAESS –y que mantiene hasta la fecha en su sede–, y las que ofrecen otras embajadas y centros culturales. Hay que mencionar también las jornadas de Cine Historias que llevó a cabo la Secretaría de Cultura del FMLN en los cines Reforma y el Festival Internacional de Cine de San Salvador, impulsado por Suecy Callejas y André Guttfreund cuando Nayib Bukele presidía la Alcaldía de San Salvador.

Dalton es el hijo menor del poeta Roque Dalton. Creció y se formó como cineasta en Cuba. Salió de la isla durante el “período especial” a inicios de los noventa, e intentó hacer cine en Miami –“la tumba de los cineastas”, comentó en una ocasión– y en México. Finalmente, se instaló en El Salvador, donde esa disciplina exige una tenacidad casi heroica. Entre sus largometrajes tenemos Herido de sombras (1994), Entre los muertos (2006), Llevarte al mar (2009) y En un rincón del alma (2016).

Muy a su pesar, reconoce que, hoy por hoy, no existen las condiciones para fundar una cinemateca, con todo lo que eso significa.

“Cuando hablamos de cinemateca no solo hablamos de crear productos audiovisuales, sino también de promover un cine diferente; ir a la conquista de audiencias”.

Roberto Kofman dirigió ‘Cuatro ojos de agua’.

La realidad es que podrán pasar algunas décadas antes de que la cineteca se materialice, si es que alguna vez ocurre. El Estado seguirá sumido en la lipidia por las razones históricas de siempre, y hay poco interés en invertir en esas cosas. Las salas que componían el Circuito de Teatros Nacionales (creado por Maximiliano Hernández Martínez en 1933) fueron rematadas en la década de los 90, y hoy albergan negocios o templos religiosos o se pudren en el abandono, así que no se puede contar con ninguna de ellas.

Como sea, Cine Libertad es un hito en esa dirección y, por supuesto, alegra ver estos esfuerzos.

 

Róger Lindo es escritor y periodista.

4 Comments on "‘Cine Libertad’: como si fuera una cinemateca"

  1. Ariosto Montesinos | 03/10/2019 at 5:52 pm | Reply

    Gracias, Roger, por compartirnos.
    Creo en el arte salvadoreño, lo he visto y lo vivo en sus calles y el diario vivir. Creo en invitar a todas las artes a unificar esfuerzos por un movimiento nacional de arte que lleve como etiqueta El Salvador.
    Felicito está iniciativa y convocó a apoyar con nuestra presencia, ya que los proyectos no funcionan sin la participación ciudadana.

  2. Eugenia Lopez | 02/10/2019 at 9:12 pm | Reply

    Gracias Roger por compartir esta nota, muestras todo un esfuerzo colectivo de años por desarrollar la producción cinematográfica en el país, y como muchos esfuerzos avanzando a contracorriente

  3. Creo es un buen y gran esfuerzo, muy valioso que nos lleva al rescate y promoción de nuestras producciones de cine o audio visuales para que directores y productores tengan espacio en donde exhibir sus materiales.
    Felicitaciones Jorge Dalton y a su equipo.

  4. Mario Escobar | 02/10/2019 at 6:08 pm | Reply

    Gracias, Róger, por la nota. Muy valiosa pues explica el valor del cine nacional y abre camino a pensar en la necesidad de la imagen y su máxima expresión. La nota entretiene y lleva a pensar en la primera producción de la cual no existe mucho conocimiento. Hablo, desde luego, de Las Águilas Civilizadas, filmada por Virgilio Crisonino y exhibida en el año 1927. Al parecer, según su nota, estamos evolucionando en la fílmica salvadoreña.

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