EDITORIAL: 100 días no son nada, pero…

Escalera en el antiguo Casino Militar.

LO MÁS NOTABLE DE LOS PRIMEROS CIEN DÍAS de la administración de Nayib Bukele es que no ha ocurrido nada que pueda calificarse de notable. El presidente goza de alta popularidad, lo celebran miles de internautas, y a pesar de traspiés dados al empezar su andar como jefe de Estado, la comunidad internacional lo mira con simpatía, o al menos con curiosidad. La administración de Donald Trump le ha otorgado el visto bueno y las patronales empresariales, antes desconfiadas, hoy lo contemplan como una especie de socio en el poder.

Bukele debutó despachando a través de Twitter haciendo relucir su poder de decisión, correteando a sus ministros (que solo atinan a responder: «A sus órdenes, señor presidente») , comandando operativos policiales, disponiendo la reparación de una calle aquí, un puente allá. En el argot empresarial eso se denomina microgestión, y proviene de la falta de confianza en los subordinados. En esa semana inaugural, manda despedir a centenares de funcionarios que tenían nexos con el antiguo régimen. El rey ha muerto, viva el rey. Especial dedicación a la familia del expresidente Salvador Sánchez Cerén (hijos y nietos) y otros dirigentes del FMLN. Pero esas remociones tienen más de noche de los cuchillos largos que de auténtico celo antinepotista. Bukele, por lo visto, tenía ganas de escarmentar al FMLN, que lo expulsó de ese partido hace dos años. De manera que en el serial de poder que acaba de estrenarse, el Frente aparecerá como enemigo del presidente y, por ende, del pueblo. Tan apresurada fue aquella purga que las órdenes de destitución podían cebarse, como efectivamente sucedió, sobre cualquier funcionario que llevara el apellido equivocado.

Autoinvestido de su excepcionalidad, el presidente arremete contra los otros poderes del Estado y ningunea al fiscal general. Asume el tono y el lenguaje de Donald Trump y habla de “fake-news”. No le gustan los periodistas. Hacen muchas preguntas. Expulsa a los que «se portan mal» de una rueda de prensa en la que va a anunciarse un proyecto supuestamente trascendental que, al fin al y cabo, no resulta ser lo que se dijo: la creación del CICIES. Pero ni de lejos estamos frente a un CICIG. Este fue un organo independiente, serio, respaldado, por la ONU, con músculo, y que diera dura batalla en Guatemala: sus investigaciones tumbaron a un presidente corrupto, y persiguieron judicialmente a organizaciones criminales, algunas de estas enquistadas en el Gobierno. Pero los poderes fácticos de ese país hermano ya se se salieron con la suya: la CICIG ha sido abolida .

El presidente Bukele organiza un desfile militar para conmemorar la Independencia. Nada nuevo. Arena y el FMLN hacían lo mismo. Pero si vamos a pegar un gran salto, ojalá que no sea al pasado.


Que el presidente aproveche mejor sus 15 minutos de fama apostando a lo grande, ofreciendo una auténtica hoja de ruta, trazando líneas para los próximos cinco años


100 días nada son, hay que admitirlo. No bastan para tomarle la medida a una administración naciente obligada a hacer mucho con poco. El mayor capital del Presidente es su popularidad, pero enfrentado a los torvos y portentosos problemas de El Salvador, se puede erosionar inmisericordemente. Que el presidente aproveche mejor sus 15 minutos de fama apostando a lo grande, ofreciendo una auténtica hoja de ruta, trazando líneas para los próximos cinco años (más tiempo, sería inconstitucional). Para ello, sin duda, requerirá nuevos asesores. Bukele aceptó hacerse cargo de un país al borde del abismo, que se sostiene apenas de un saliente con el dedo meñique. Una tierra pobre, sin recursos naturales de importancia, dominada a lo largo de su historia por una oligarquía astuta, depredadora y sin sensibilidades de nación —y su  ejército acompañante–. Un territorio de aterradoras desigualdades, manoseado por una clase política gansteril y poco educada. Y para colmo, un patrón inagotable de violencia, ahora de pobres contra pobres.

Cómo afrontará el presidente el reto de las pandillas está por verse. Estas sobrepasan la capacidad del Estado y están en todas partes, matando y extorsionando. Reportajes del diario digital El Faro revelan que el presidente Bukele negoció con las maras cuando presidió la Alcaldía; igual lo hizo desde la presidencia Mauricio Funes. El problema de esos grupos va para largo, no existen soluciones mágicas. Lastimosamente, ni el Ejército ni la PNC asustan a las pandillas. Nadie puede amedrentarlas más de lo que ellas nos amedrentan a nosotros, y por más fantasías sadistas que uno acaricie, los pandilleros son los verdaderos dueños de la violencia. Habrá que explorar otras vía para reducirlos. No se amedrentarán con cartelitos. Ya hemos probado manos duras de todos los sabores, y siempre cabe el sano temor de que los héroes de uniforme, ya bastante ocupados en defenderse a sí mismos, y en el colmo de la impotencia, se desquiten con nosotros, los ciudadanos. Hay incontables evidencias de que eso ya está ocurriendo.

Pasando a otra cosa, aunque el presidente Bukele pueda ufanarse de una cordial relación con la administración de Donald Trump, solo el tiempo dirá qué bueno va a sacarse de esta relación. Para el presidente de la nación más poderosa del planeta somos el “culo del mundo”. Los salvadoreños en Estados Unidos son su grupo paria favorito, y su único interés con respecto a El Salvador es que nos quedemos donde nacimos.

Nosotros, en cambio, no podemos dejar de ver a Estados Unidos como la tierra prometida que nos corresponde. Soñando el american dream nos embarcamos miles en caravanas huyendo de nuestras desgracias, buscando salvar el pellejo y ayudar al terruño con remesas. Hasta que Trump mandó parar. Hoy por hoy, la raya fronteriza sur de ese país empieza en el río Paz. Pero que no quepa duda: los salvadoreños nos seguiremos marchando, con caravana o sin caravana, por tierra y por mar.

Lo más aconsejable para cualquier presidente sería no meterse a reinventar el hielo. Hace casi 20 años jurábamos que la paz nos ofrecía un fragante ramo de nuevas oportunidades. Con los años no solo dejamos de creerlo, sino que dejamos de ser creíbles para el mundo. Un lúcido escritor salvadoreño decía al hacerse patente aquella desilusión: “El país recuperó su tamaño”.

Buena suerte, señor presidente, ya conocemos los retos. Buena suerte, El Salvador. Las apuestas son enormes, los resultados inciertos. Pero es mucho lo que está en juego en este país, que se ha visto desengañado una y otra vez.

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4 Comments on "EDITORIAL: 100 días no son nada, pero…"

  1. Beatriz Náj | 22/09/2019 at 4:51 pm | Reply

    Excelente análisis

  2. Angel Zepeda | 18/09/2019 at 6:44 am | Reply

    Excelente, buen análisis.

  3. Julio Samuel Aguilar Galdamez | 16/09/2019 at 6:14 pm | Reply

    Articulo muy apegado a la realidad y descrito en forma llana y comprensible.

    • Josué Hernandez | 17/09/2019 at 7:08 am | Reply

      Un magistral aporte sobre nuestra realidad, y muy acertada exposicion para tomar en cuenta.

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