Lutier en el centro

El maestro Manuel Cruz se inició en la fábrica de guitarras de Manuel Gálvez hace casi 40 años, pero pronto encontró su propio camino

Redacción de Barracuda Literaria

La facilidad para el dibujo condujo a Manuel Cruz, entonces de 16 años, al taller de guitarras de Manuel Gálvez, donde se presentó recomendado por un amigo de su padre.

“A la semana me daban 50 centavos, más desayuno, almuerzo y cena, y ahí vivía yo en el taller.”

En 1970, una vez dominado el oficio de hacer guitarras, se propuso independizarse.

Mediante un préstamo del Instituto Salvadoreño de Fomento Industrial (INSAFI), pronto estuvo en condiciones de instalarse por su propia cuenta. Abrió su primer taller en los alrededores del cine Universal, pero con la mala suerte de que el terremoto de 1986 lo echó por tierra.

Cruz se recuperó de ese desastre y en la actualidad lleva casi 30 años instalado a media cuadra del Mercado Cuartel, en el 216 de la 8ª avenida Norte del centro de San Salvador. El inmueble es una casona centenaria, de las que aun sobreviven en San Salvador.

Desde sus inicios, Gálvez se propuso desentrañar el secreto de la sonoridad de las buenas guitarras.

“Hoy, por último, descubrí la fórmula, el método para medir correctamente las distancias entre trastes. Comparaba mi fórmulas con las extranjeras, y es la que estoy usando ahorita”.

Don Manuel es básicamente un autodidacta.

“Siempre leí libros de los maestros, todo lo que tuviera que ver con guitarras”. En las páginas de la revista Mecánica Popular, de la cual era asiduo comprador, aprendió los principios de la construcción de guitarras eléctricas (instrumento que también repara) y encontró información que le sirvió de guía para hacer sus propias herramientas, manuales y eléctricas.

Con el afán de seguir aprendiendo, se inscribió en un curso de capacitación apoyado por fondos de USAID y con instructores de España y Nicaragua. Este último procedía de la fábrica de guitarras Zepeda, de Masaya, cuyo fundador, José Santos Zepeda, aprendió a su vez este arte en El Salvador.

Una de los valores que más aprecia de esas enseñanzas fue aprender a usar barnices con elementos poliuretanos. Antes de eso, confiesa, “no sabia como sacarle un brillo a una guitarra de calidad”.

Un día, en los primeros años de su vida de lutier, le visitó un miembro del Club Salvadoreño de Ajedrez, quien lo animó a probar la elaboración de las piezas que se utilizan en ese juego.

“Pasamos dos años haciendo juegos de ajedrez. Ya no hacía guitarras”.

El negocio se fue al traste cuando la competencia abarató las piezas.

Era hora de volver a las guitarras.

La producción en el taller de don Manuel Cruz anda entre las 20 y 30 guitarras al mes, que compiten con las importaciones chinas de bajo costo. Aquí se fabrican todos los tipos y tamaños, y al gusto del cliente. Caoba, nogal, jacaranda y palo de rosa son las maderas que ha empleado. Además de guitarras comunes o clásicas, construye o repara ukuleles, el cuatro venezolano, requintos, guitarrones, bajo quinto, bajo sexto, guitarras  y otros.

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